Una expedición científica en aguas remotas descubre un misterio abisal que desborda la razón y devora la realidad
Bitácora de misión – NSS Thalassa
Operadora: DRA. MAIRA ELLEN, Océanógrafa computacional
Sector de misión: M-03, Océano Antártico
Maira: Fecha de salida: 5 de agosto de 2026, 07:00.
Maira: Motores encendidos. Cielo despejado. Estado del mar: tranquilo.
Maira: El capitán Winterson ha dado el discurso habitual. Rutinario.
Maira: Diez tripulantes. Casi todos investigadores. Ni un civil.
Maira: Partimos desde Base Borealis, a 14 km del borde de la banquisa.
Maira: Nuestro destino: Sector M-03. Latitud 78.9°S, Longitud 141.6°W.
Maira: Allí se detectaron ecos sísmicos sin fuente visible.
Maira: También hay fluctuaciones en el campo magnético. Atrae aves migratorias.
Maira: Curioso. Una zona muerta que no debería atraer nada.
Maira: Estoy a cargo del módulo de registro. Todo lo que escribo queda almacenado.
Maira: Primeras 6 horas sin incidentes.
Maira: Pasamos junto a témpanos, como animales dormidos.
Maira: El sonar captó una masa a 320 metros de profundidad. No corresponde a roca.
Maira: Posible banco de krill, según Nelson (biología marina).
Maira: Pero no se movía.
Maira: No lo anoté en el informe. No era importante.
Maira: Las comunicaciones satelitales son estables por ahora.
Maira: La IA del barco, VIGÍA, solicita calibración periódica.
Maira: Hoy, en la cena, se habló del Sector M-03 como si fuera una leyenda.
Maira: Jensen (geólogo) dice que hay una “zona de silencio acústico” en el fondo.
Maira: Donde ni el eco regresa.
Maira: La tripulación se ríe, pero hay tensión. Todos lo sienten.