El oscuro secreto de un icono
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Tecmo Super Bowl II: El Cartucho Que No Debería Existir Prólogo: El Trato Lo encontré en un mercadillo de Red Bluff, metido entre una copia rota de Madden '94 y un NBA Jam descolorido por el sol. La etiqueta no era la correcta. En lugar del logo habitual de Tecmo Super Bowl II: Special Edition, el cartucho tenía una tira de cinta adhesiva cortada a mano con "TSB2 - FINAL" garabateado en rotulador rojo. El vendedor, un hombre con los dedos manchados de nicotina, dijo que lo había conseguido de "un tío que trabajaba en control de calidad en Tecmo en su día". Sonrió burlonamente cuando le pregunté si funcionaba. "Depende de lo que quieras decir con funcionar." Lo compré por cinco dólares. --- Acto I: La Pantalla de Inicio Cuando lo inserté en mi Super Nintendo, la consola zumbó como de costumbre, pero la pantalla de inicio no era la normal. En lugar del brillante logo de Tecmo, la pantalla parpadeó con estática y luego mostró una foto granulada de un campo de fútbol americano por la noche. No había música. Solo el leve sonido de ruido blanco. Entonces, en letras rojas y dentadas: "EL SAQUE INICIAL ES A MEDIANOCHE." El reloj de mi Super Nintendo no estaba configurado. Pero cuando miré el reloj de la pared, eran las 11:59. --- Acto II: Las Plantillas El menú se cargó, pero los nombres de los equipos eran... raros. En lugar de los equipos habituales de la NFL, la lista decía: - Los Olvidados - Los Viudos - Los Sin Nombre - El 32º Equipo La curiosidad pudo conmigo. Elegí "El 32º Equipo". La pantalla de la plantilla no mostraba retratos de jugadores, solo siluetas negras. Cada espacio de nombre estaba lleno de una cadena de números, como si las estadísticas de las camisetas hubieran reemplazado las identidades: - #00 – 404 - #13 – 666 - #88 – 191 La condición de cada jugador aparecía como "FALLECIDO". --- Acto III: El Primer Partido La animación del saque inicial se reprodujo, pero el público estaba en silencio. No había animaciones, ni música. Solo el sonido del viento. Cuando mi quarterback recibió el snap, el sprite se glitcheó—su cabeza giró 360 grados completos antes de que el balón saliera de sus manos. El receptor lo atrapó, pero en lugar de correr, se desplomó. La voz digitalizada del comentarista, normalmente alegre, susurró ronca: "TIEMPO MUERTO POR LESIÓN." Pero el sprite no salió del campo. Se retorció. Sus píxeles se desparramaron por el césped, dejando una mancha roja que no se desvanecía. Cada jugada terminaba de la misma manera. Los jugadores caían, se retorcían, dejaban manchas. Para el descanso, el campo estaba empapado en píxeles carmesí. --- Acto IV: El Comentario Al principio, el comentarista se limitó a los tópicos del fútbol americano. "Primera oportunidad." "Touchdown." Pero a medida que el partido se alargaba, su tono cambiaba. "¿Recuerdas lo que hiciste en el 94?" "¿Recuerdas el accidente en la I-5?" "¿Recuerdas al chico con la camiseta de los Raiders?" Me quedé helado. Esa última me pilló demasiado cerca. Cuando era niño, mi primo—un fanático de los Raiders—murió en un accidente de coche en la I-5. Llevaba puesta su camiseta de Bo Jackson. El comentarista susurró: "Todavía quiere jugar." --- Acto V: La Prórroga El partido se negaba a terminar. El marcador estaba bloqueado a 0-0, pero los cuartos seguían repitiéndose. Para la 13ª prórroga, los sprites ya no se parecían a jugadores de fútbol. Sus cascos se abrían, revelando calaveras. Sus extremidades se doblaban en ángulos imposibles. El público por fin hizo ruido—un canto bajo y monótono: "UNA JUGADA MÁS. UNA JUGADA MÁS. UNA JUGADA MÁS." Intenté apagar la Super Nintendo. El botón de encendido se atascó. El botón de reset no hacía nada. El mando se calentaba en mis manos. En la pantalla, el sprite del quarterback se giró para mirarme. Su casco había desaparecido. Su cara era un vacío. Un texto se deslizó por la parte inferior: "PASA EL MANDO." --- Acto VI: La Devolución Arranqué el cartucho. La pantalla se mantuvo encendida. La cara vacía del quarterback me miraba fijamente, con estática arrastrándose por el cristal. Entonces, la voz del comentarista, clara como el día, salió de los altavoces del televisor: "No puedes abandonar en la prórroga." Envolví el cartucho en una toalla y conduje de vuelta al mercadillo a la mañana siguiente. El puesto del vendedor había desaparecido. Ni rastro de que hubiera estado allí. Cuando llegué a casa, el cartucho estaba sobre mi mesa de café. La etiqueta de cinta adhesiva había cambiado. Ahora decía: "TSB2 - TU TEMPORADA." --- Epílogo: La Temporada Interminable No lo he vuelto a tocar desde entonces. Pero a veces, tarde por la noche, oigo el tenue sonido de un silbato de saque inicial desde mi salón. Y cuando miro el reloj, siempre son las 11:59.