Lucía empieza en un gimnasio nuevo y lleva un diario personal. Lo que comienza como motivación se convierte en una obsesión por su entrenador, Adrián. Entre el sudor y las miradas, descubrirá que no todo lo que brilla bajo las luces del gimnasio es real
Semana 1
Lucía: Lunes. Primer día en el gimnasio nuevo.
Lucía: Me apunté porque necesitaba un cambio. Algo para mí.
Lucía: Me asignaron un entrenador personal. Cortesía de la primera semana.
Lucía: Se llama Adrián.
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Lucía: Alto. Pelo oscuro. Brazos que parecen esculpidos.
Lucía: Y una sonrisa cálida. Como si te conociera de toda la vida.
Lucía: Me explicó la rutina y yo asentí como idiota.
Lucía: No escuché ni la mitad. Estaba mirándole las manos.
Lucía: Manos grandes. Firmes. Con venas que se marcan cuando agarra las pesas.
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Lucía: Martes. Me corrigió la postura en las sentadillas.
Lucía: Me puso la mano en la cintura y dijo: 'Baja más, no tengas miedo.'
Lucía: Su mano era tibia. Firme pero suave.
Lucía: Me temblaron las piernas y no fue por el ejercicio.
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Lucía: Miércoles. Me sostuvo los codos mientras hacía bíceps.
Lucía: Estaba tan cerca que podía olerle.
Lucía: Colonia fresca mezclada con sudor. No debería ser atractivo.
Lucía: Pero lo es.
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Lucía: Jueves. Le conté a Sara que tengo entrenador nuevo.
Lucía: Me preguntó si está bueno. Le dije que es normal.
Lucía: Mentí.