Elena es la lote número 14. Su hermana mayor Ana ya pasó por esto dos veces y la guía en su experiencia
Sábado, 21:42 — sala de espera de la subasta, Hotel Casa Camper, Barcelona
Elena: Ana, estoy en la sala de espera. Mi número es el 14. Hay otras seis chicas y todas parecen saber lo que hacen. Voy a vomitar.
Ana: Elena, respira por la nariz cinco segundos, expira por la boca diez. Lo dije la primera vez también. La segunda vez ya no me hizo falta.
Ana: ¿Cómo van vestidas?
Elena: La uniforme oficial es bata de seda negra encima, lencería negra debajo, máscara veneciana en la mano. Una se la ha puesto, las demás la sostenemos. Los tacones son obligatorios.
Ana: Recuerda. La bata se queda hasta que pongan tu número. Cuando llamen al 14, sales sola, te paras en el círculo blanco del centro, sueltas la bata al suelo y miras al frente. No mires a las pantallas ni a los pujadores.
22:18 — antes de salir
Elena: Ana, Lote 13 acaba de salir. Una mujer mayor que yo, ofrece dos horas de juego de cera. Pujan en pantalla, números rojos, máximo en seis mil ochocientos. Ya está vendida.
Ana: Tu lote es sumisión sensorial, ¿no? Vendas, cuerda shibari básica, tres horas. Sin penetración por defecto.
Elena: Eso es. Lo negociaste tú con el comité.
Ana: Va a subir más que la 13. La sumisión sensorial bien hecha tiene mucho mercado en este círculo.
Elena: Me llaman.
23:08 — Elena vuelve al móvil tras el escaparate
Elena: Ana. Acaba de cerrar la puja. Catorce mil cuatrocientos.
Ana: Joder.
Elena: La ganadora es una mujer. Cuarenta y muchos. Traje negro de ejecutiva, sin maquillaje, anillo grande de plata. Me ha hecho una reverencia con la cabeza desde la grada cuando se ha cerrado la puja. Tres copas en la mano para dos.
Ana: Bien. Ahora subes a la suite Diagonal con ella y el notario. Lo del notario es real. Firmáis los dos un contrato físico de tres horas con cláusulas que negocia ella y aceptas o rechazas tú in situ. Ten lápiz preparado para tachar lo que no quieras.
23:54 — Elena escribe desde el baño de la suite
Elena: Estoy en el baño de la suite. Acabamos de firmar.
Ana: ¿Qué has tachado?
Elena: Nada que prohibiera la lista oficial. Pero he añadido tres cláusulas a mano. Una, la venda se quita cada veinte minutos para mirarla a los ojos diez segundos y reconfirmar. Dos, si me corro tres veces, paramos antes de las tres horas. Tres, la cuerda no me toca el cuello en ningún momento.
Ana: Tres cláusulas perfectas. Mucho mejor que las mías la primera vez.
Elena: Se llama Carmen. Empresaria, divorciada, una hija de dieciocho. Me ha contado todo eso antes de la firma porque me ha pedido confianza. Me ha gustado.
Ana: Bien. Empiezas a las doce y media. Te escribo a las cuatro.
Domingo, 04:14