En un pequeño pueblo envuelto en niebla, un grupo de niños vive una noche que desafía el tiempo y la realidad. Algo antiguo los observa entre las sombras
La Noche
En un pueblo remoto, donde las luces de las farolas eran como pequeñas velas, la noche era especialmente oscura y con niebla. Por todo el pueblo abundaban los abetos que sonaban con el viento. Lo único que se escuchaba esa noche eran unos niños que jugaban en el parque, poco iluminado. Jugaban tranquilamente hasta que, de pronto, una brisa apagó las luces, acompañada de una especie de risa o grito. El sonido fue tan fuerte que los pájaros salieron en bandadas de los árboles, y los niños quedaron aterrados. De repente, en plena oscuridad, con la poca luz que se reflejaba de las casas y las calles cercanas al parque, entre los arbustos se oyeron unos ruidos, y apareció una figura con aspecto parecido al de un lobo. Aunque este era diferente... su pelaje era completamente negro, su cuerpo robusto y sus ojos oscuros, casi vacíos. Tenía colmillos afilados y ensangrentados. Los niños estaban muy asustados. De pronto, la criatura se lanzó hacia uno de ellos. Los niños intentaron correr para escapar. Uno de ellos vio cómo la bestia se abalanzaba sobre él y no tuvo tiempo de reaccionar. Solo cerró los ojos y esperó lo peor, con lágrimas en los ojos y pensando en sus padres. Pasaron unos minutos y, al no sentir nada, abrió los ojos. A su lado estaban sus amigos, tirados en el suelo, cubriéndose la cabeza. Abrieron los ojos y no había nada. Las luces volvieron, y era como si nada hubiera pasado. Los niños, camino a casa, se dieron cuenta de algo extraño: estaba amaneciendo. Eso era imposible, pues apenas eran las diez de la noche cuando estaban en el parque antes de que todo ocurriera. Al fondo vieron a sus padres y vecinos, que llevaban horas buscándolos. Ellos contaron lo que habían vivido, y al parecer existía una leyenda: la del 'Robatiempo', una especie de bestia que, si te veía y te miraba a los ojos, te robaba horas, días e incluso años sin que te dieras cuenta. Y, en el peor de los casos, si llegaba a tocarte... te robaba la vida.