Un grupo de amigos discuten sobre un cambio en el videoarbitraje
Rafa: Tíos, lo del VAR es una vergüenza, os lo digo en serio.
Hugo: Ya empezamos...
Martín: No, no, pero tiene razón. Antes el árbitro se equivocaba y se seguía jugando. Ahora se tiran cinco minutos mirando una pantalla y al final pitan lo que les da la gana.
Luis: El otro día tardaron siete minutos en decidir si era fuera de juego. En ese tiempo me hice un bocata de tortilla.
Hugo: Venga ya, flipao.
Luis: Que te lo juro. Batí los huevos, los cuajé, partí el pan, lo monté... y los tíos seguían con las putas líneas.
Martín: Pues yo vi un partido donde tardaron tanto en revisar un penalti que cuando volvieron al juego, uno de los jugadores ya se había retirado y ahora tiene un bar en Benidorm.
Hugo: Eso es mentira.
Rafa: No lo descartes.
Luis: Pero, a ver, en serio, ¿cómo haríamos para que el VAR fuera más rápido?
Martín: Fácil. Quitamos las cámaras.
Hugo: ¿PERO QUÉ COJONES?
Rafa: No, no, espera, quiero escuchar esto.
Martín: Piénsalo: si no hay cámaras, el árbitro no tiene presión para revisar nada. Cobra lo que le parece y arreando. Se acaba la polémica.
Hugo: Eso no es acabar la polémica, eso es volver a cuando el fútbol se jugaba con balones de piedra.
Luis: Yo tengo una mejor: que en vez de árbitros en el VAR, sean abuelas con prismáticos.
Hugo: No.
Rafa: SÍ.
Martín: Ahora estamos hablando en serio.
Luis: Dime la verdad, ¿has visto alguna vez a una abuela equivocarse en un juicio moral?
Rafa: JAMÁS. Mi abuela una vez vio a mi primo con el pelo mojado y le dijo “te vas a poner malo”. Dos días después, 39 de fiebre y una fábrica de mocos.
Martín: Prueba científica.
Hugo: Que eso no tiene NADA que ver.
Luis: Tío, imagínate una sala con cuatro abuelas viendo la jugada, con sus prismáticos, una mantita en las piernas, y opinando cosas como “Ese chaval se ha tirado como si le hubiera atropellado un tranvía”.
Rafa: Y si dudan, llaman a una quinta abuela para desempatar.