Historia de terror sobre la vejez
Marta: Hola Ramón, ¿qué tal?
Ramón: Hola Marta, bien, acabo de salir de trabajar.
Marta: Sí, te llamé antes pero no me lo cogiste.
Ramón: Lo siento, estaba ocupado... ¿todo bien?
Marta: Sí, todo bien. Mamá ya está en casa, la han traído hace un rato del hospital.
Ramón: Perfecto, luego por la noche me pasaré para verla.
Marta: Me llamaron también desde servicios sociales.
Ramón: Ya me lo imaginaba.
Marta: Sí, básicamente me han dicho que debemos pensar en hacer algo con ella...
Marta: No puede seguir viviendo sola.
Marta: Está muy torpe y mayor ya, y necesita ayuda.
Marta: Esta caída ha sido solo el principio...
Ramón: Ya... es cierto.
Marta: Debemos decidir si la cuidamos nosotros o la llevamos a una residencia.
Ramón: ¿Y el tema de contratar a una persona que esté con ella?
Marta: Bueno... esa idea no me gusta... servicios sociales tampoco la recomienda...
Marta: Al final es contratar a una persona que esté 24 horas con ella... y es difícil encontrar gente, ya no que quiera ese trabajo, sino que lo haga como mamá se merece.
Ramón: Ya...
Ramón: Pues ya sabes que yo no me puedo ocupar de ella... al final en casa estoy poco... salgo tarde de trabajar todos los días, y luego en casa siempre tengo cosas todavía pendientes.
Ramón: Al final si se quedara en mi casa por temporadas, tendría que contratar a alguien que la cuidara igual cuando yo no esté... que sería todo el día.
Marta: Ya, pero bueno... no es lo mismo... las noches sí podrías estar con ella.
Ramón: Ya pero poco... me levanto a las 5:30... y a las 6 estoy saliendo de casa...
Ramón: Por mi parte es inviable...
Marta: Pues hay que buscar una solución.
Ramón: No veo otra que la residencia... o que tú te encargues de ella.