Una chica cuenta un pequeño problema que tiene con la limpieza e higiene en su apartamento...
Capítulo 1
Hola a todos. No suelo escribir en estos foros, y menos para cosas así, pero estoy al límite. Ya no distingo si esto es un problema médico o algo más… pero si se que es algo que no debería existir. Soy una mujer de 28 años. Siempre he tenido una vida tranquila, muy sana y sin problemas médicos. Ahora vivo sola en un departamento viejo en el centro. Es un lugar húmedo, las tuberías gotean constantemente y las ventanas nunca cierran bien. No es bonito ni agradable, pero es suficiente para trabajar desde casa. Últimamente, sin embargo, este lugar me da asco. El moho en las juntas, el olor constante a cañería, siento que todo eso se adhiere a mi piel y no se va. Todo empezó hace aproximadamente un mes, de una forma absurda: soñaba que algo pequeño, áspero y rasposo, caminaba lentamente sobre mi cuerpo mientras dormía. Sentía que comenzaba a reptar sobre mis pies, se introducía debajo de mi pijama y subía por todo mi cuerpo los pechos… Allí sentía como succionaba mis pezones hasta hacerme gritar de dolor… Era una sensación tan real que despertaba empapada en sudor. Intentaba convencerme de que era solo un sueño, pero siempre quedaba esa sensación repugnante en mi piel. Era sudor… si … pero para mi era como recordar aquella cosa viscosa recorriendo mi piel. Empecé a bañarme compulsivamente. Me frotaba fuertemente hasta que la piel quedaba roja, pero no conseguía librarme de la sensación de suciedad. Era como si algo estuviera invadiendo mi cuerpo desde dentro, algo minúsculo y persistente. Poco después comenzaron a aparecer pequeñas heridas. Rasguños finos en la parte interna de mis muslos y abdomen. Pensé que me los hacía dormida, rascándome sin darme cuenta. Pero cada mañana aparecían más, más profundas, húmedas y difíciles de cicatrizar. Intenté taparlas con vendas, pero sentía que empeoraba las cosas. El olor era extraño, ácido, desagradable. Empecé a obsesionarme con que debía estar limpio todo, lavando mis manos constantemente, evitando tocar nada para no contaminar el resto de mi casa. Pronto, aquellas heridas dejaron de parecer simples rasguños. La piel alrededor comenzó a cambiar, volviéndose blanda, como si se descompusiera lentamente. Al presionar con mis dedos podía notar una textura húmeda y desagradable. No sentía dolor intenso, solo una inquietante indiferencia que me aterraba. Algunas zonas simplemente estaban rojas, en otras había pequeños granitos de color rojizo, y otras directamente parecían heridas pequeñitas con pus. Fui al médico, desesperada. Me miró con incomodidad, casi con miedo. Me recetó una crema antibiótica, sugirió que visitara a un dermatólogo y prácticamente me echó del consultorio. Sabía que no volvería. No puedo explicarle esto a nadie más, no me creerían. Pensarían que estoy loca, pero yo sé lo que es. Son bichos. Ácaros, chinches o alguna otra plaga que habita en este piso horrible. Los escucho por la noche… siento cómo salen de las grietas, cómo se arrastran lentamente por mi piel, dejándome heridas que se abren cada día más. He comenzado a limpiar frenéticamente todo a mi alrededor, creyendo que así podría frenarlos, pero nada parece ser suficiente. La plaga no solo está en mi casa… si no en mi… en mi piel… en mi cuerpo… He dejado de responder mensajes, alejándome de mis amigos. No quiero exponer a nadie más a esto, no quiero contagiarles. Pero ya no sé qué hacer. Estoy segura de que algo vive en este departamento, algo minúsculo, oscuro y hambriento.
Capítulo 2
Comencé a beber whisky pensando que así podría llevar mejor el dolor, y quizá evadir mi cabeza hacía otro lado… pero me equivoqué… todo se agravó. Las heridas siguieron empeorando y mi obsesión por limpiarlas alcanzó niveles insoportables. Paso horas fregando el suelo con lejía, vierto litros de amoníaco por las tuberías, y limpio cada rincón compulsivamente. El olor químico es tan intenso que me hace llorar, me arde la garganta, pero siento que si dejo de hacerlo, los bichos se adentrarán aún más en mí. Estoy segura de que son ellos: chinches, ácaros o alguna plaga invisible que habita en este departamento infernal. Cada pared húmeda, cada tubería oxidada, cada grieta es un refugio para ellos. Por las noches los siento claramente, cómo salen de sus escondites, cómo se desplazan sobre mi piel y me muerden. Las heridas son evidencia suficiente para mí. No duermo en toda la noche… no para de picarme todo el cuerpo y no puedo evitar el arriscarme cada vez más fuerte… he pasado de dormir en mi cama al sofá del salón, y después al suelo de la cocina, y finalmente en la bañera… pero nada… allá donde vaya… los bichos me siguen. Comencé a guardar las vendas usadas en bolsas herméticas, por miedo a que pudieran escapar los bichos. He llegado incluso a quemar algunas de ellas. Cada noche despierto aterrada, sintiendo pequeños movimientos bajo mi piel. Si ¡Bajo mi piel! ¡Ya no es por encima, si no por debajo! Me arranco pedazos enteros de carne intentando extraer esos puntos negros que estoy convencida de que son huevos o larvas minúsculas. La situación ya es desesperada. Mi cuerpo está cubierto de heridas abiertas, hay sangre seca impregnada en mis sábanas, y ya no me atrevo a lavar la ropa en la lavandería común del edificio por temor a contagiar a alguien. Anoche tuve un ataque insoportable. El picor me llevó al límite y acabé desgarrándome el muslo hasta dejarlo en carne viva. Mis vecinos golpearon la pared, seguramente por los gritos, pero no respondí. Creo que ya no siento dolor… Me arrastré al baño y vertí alcohol sobre mis heridas, y comencé a reír como una loca… Hoy la desesperación llegó a otro nivel. El dedo índice izquierdo me picaba hasta volverme loca. Estaba lleno de larvas… podía sentir pequeños movimientos en su punta… lo golpee con un martillo un par de veces… pero seguían creciendo en su interior… entonces tomé un cuchillo de cocina y me amputé la primera falange. Fue extrañamente sencillo. Observé el pedazo durante varios minutos, buscando movimiento, pero no podía ver nada… ¡Entonces cogí un cuchillo y un tenedor y comencé a despedazarlo para encontrar donde estaban esas malditas larvas! ¡Llené la mesa de mi propia sangre y carne… pero no fui capaz de encontrar nada… Deben ser minúsculas para no verlas a simple vista! Finalmente, lo envolví en papel y lo tiré al inodoro. Al final me mareé y vomité en la bañera, donde entre los coágulos pude jurar que algo se movía. No pude soportar mirarlo. Limpié frenéticamente, pero siento que el olor permanece en cada rincón. A estas alturas, siento que todo el departamento está vivo, latiendo alrededor de mí. Las paredes respiran, el suelo palpita débilmente, y temo que todo esto sea solo el principio, que estoy siendo lentamente consumida desde adentro. Hacía días que no me miraba en un espejo. Hoy lo hice… casi sin querer… pero quede abrumada y horrorizada… siempre he sido una chica muy guapa y sexy… pero lo que vi hoy en el espejo… no me representa… Estoy casi calva… de tanto arrascarme he perdido cantidades inmensas de pelo y solo que quedan unos mechones… tengo la piel entre roja y blanca… roja por la sangre e irritaciones y blanca o amarilla por las zonas infectadas. Por supuesto tengo cortes por todos los sitios, y me falta piel por muchos otros… es horrible… por ejemplo puedo ver un trozo de hueso a la altura del hombro izquierdo… Esta no soy yo… pero ahora mismo no puedo pensar en mi belleza o estado físico… solo tengo que concentrarme en acaba con esta plaga… Cada vez están más dentro de mi… desde esta mañana siento que han llegado a mi estomago… están ahí… los siento… los escucho… siento mucho asco al tener esas cosas viviendo en mis órganos, pero no voy a dejar que me infecten y ganen la partida… acabare con ellos… Hoy para comer bebí un poco de lejía… mi garganta se puso al rojo vivo… todo me quemaba… pero no hizo efecto… siguen allí… reproduciéndose… comiéndome desde el interior… y creciendo… Así que esta noche voy a sacarme el estómago… me haré una incisión y lo sacaré para ver si lo puedo limpiar… no se si echar insecticida o alguna sustancia mas fuerte… no se… Ya no contesto mensajes ni llamadas. No quiero que nadie venga aquí. Tengo miedo de infectarles, de mostrarles la monstruosidad en la que me estoy convirtiendo. Escribo esto como última súplica. Necesito saber si alguien más ha vivido algo parecido. Díganme que no estoy sola, aunque sea para confirmar que no estoy perdiendo la cordura. Cada día es peor. Necesito saber si alguien más ha sentido esto. Por favor, necesito respuestas antes de que estos bichos terminen arrebatándome la vida…