Os cuento la historia de mi vecino... que parecía me vigilaba con video cámaras desde que me mude a mi nuevo vecindario...
No eran para mí
Nunca me gustó vivir en departamentos, así que cuando encontré esta pequeña casa con jardín, en un vecindario tranquilo y a buen precio, no lo dudé. Me mudé hace un mes. La casa está en la calle Moreira, una zona de viviendas pareadas con setos cuidados, buzones oxidados y vecinos que se saludan solo con la cabeza. La mía es la número 37. Enfrente vive un hombre mayor. No sé su nombre. Nunca sale. Pero lo que sí noté desde el primer día fueron las cámaras. Tres, para ser exacta. Una en la esquina superior de su fachada, otra más pequeña sobre su buzón, y una tercera —la más inquietante— justo frente a su ventana del segundo piso, apuntando directamente hacia mi dormitorio. Al principio me dije que no era para tanto. Que tal vez apuntaban a la calle. Pero la sensación no se me iba. Probé encender la luz del cuarto por la noche y, sí: la cámara giraba. Me seguía. No sabía si era legal. Ni cómo enfrentar a alguien que ni siquiera sabía que existía. Así que compré una linterna potente y, cada vez que me sentía observada, apuntaba con ella a la cámara hasta que se apagaba. A veces tardaba. A veces no. Una noche, justo antes de dormir, noté algo extraño. La cámara seguía encendida… aunque las ventanas del vecino estaban completamente oscuras. Como si no hubiera nadie en casa. Como si simplemente grabara por sí sola. Al día siguiente, reuní valor y toqué a su puerta. No hubo respuesta. El buzón estaba lleno. El césped crecido. Me pareció raro. Dije su nombre en voz alta —no porque lo supiera, sino por probar— y una voz vieja, ahogada, contestó desde adentro: —No es por ti… Me congelé. —¿Perdón? —No son para ti. Es por si vuelve. Luego silencio. Me alejé sin decir nada. Dormí mal esa noche. Tuve un sueño extraño: alguien tocaba mi ventana desde el jardín trasero. Pero no vi a nadie. La noche siguiente volví a ver el movimiento. Una figura pequeña, como un reflejo, en la pantalla de la cámara del timbre. Pensé que era un error. Pero al pausar el vídeo, vi claramente algo de pie en el borde del jardín. Demasiado quieto. Demasiado negro. Sin rostro. Intenté ir a hablar con el vecino de nuevo. La policía me lo impidió. Había una cinta amarilla en la entrada de su casa. Un coche patrulla. Una mujer joven con uniforme que tomaba notas. Me acerqué y pregunté qué pasaba. Me dijeron que el dueño de la casa llevaba muerto al menos tres semanas. Lo habían encontrado en una de las habitaciones, en avanzado estado de descomposición. Tres semanas. Yo me había mudado hace cuatro. ¿Quién me habló por la puerta? ¿Quién apagaba las cámaras cuando yo las alumbraba? Esa noche, la cámara del vecino volvió a activarse. Y grabó algo. A las 3:03 a.m., una figura salió de la parte trasera de mi casa. Caminó lentamente por el jardín, se paró frente a la puerta de entrada, y se quedó allí. Mirando hacia adentro. Luego, de un parpadeo, miró directamente a la cámara. Y sonrió. El video me lo mostró un técnico que vino a desactivar el sistema de cámaras del vecino, como parte de la investigación policial.
Solo dijo una frase antes de irse, sin mirarme: —Debería cerrar bien sus ventanas esta noche.
Las cámaras siguen grabando
No sé por qué sigo aquí. Podría haberme ido. Podría haber empacado mis cosas y vuelto al piso viejo, con su ruido y sus vecinos insoportables, pero en ese momento tampoco la economía me permitía otro cambio... no tan pronto… Después de que me dijeron que el vecino llevaba muerto tres semanas, no he podido dejar de mirar las cámaras. Las suyas, y ahora también las mías.... Compré un sistema barato, cuatro ojos digitales apuntando a cada rincón: jardín, entrada, patio trasero y sala. No duermo bien. Cada noche reviso las grabaciones del día anterior. Y cada vez… hay algo nuevo… Algo pequeño. Algo fuera de lugar. Una silueta que aparece justo antes de las 3:00 a.m. Un cambio en las luces del sensor del pasillo. Una sombra que cruza la sala mientras yo duermo profundamente, boca arriba. Lo peor es que nunca la veo o la siento en vivo. Solo en las grabaciones. Hace tres noches encontré una captura en la cámara del patio trasero en la que parece apreciarse una sombra en una ventana… pero del lado de adentro. Revisé el resto de las cámaras esa noche. Ninguna mostró a alguien entrando. La puerta no estaba forzada. Las ventanas, cerradas. Pero la sombra estaba ahí. La imagen es clara. Ayer por la mañana encontré la cámara del jardín caída. Como si alguien la hubiera arrancado. Pensé que podía haber sido el viento, o algún animal. Pero no había viento. Y ningún animal arranca una cámara atornillada a la pared con tanta precisión. Revisé el video. Solo grabó durante cuatro segundos antes de apagarse. En esos cuatro segundos se ve algo. No sabría explicarlo bien. Una figura. Alta. Blanca, como quemada por la luz del sensor. Sin rasgos. De pie, justo al borde del seto que separa mi jardín del del vecino muerto. Inmóvil. Y entonces, en el último fotograma, gira la cabeza directamente hacia la cámara. No hacia mi casa. Hacia la cámara. Como si supiera que lo estoy mirando. Como si quisiera que lo hiciera. Parece la misma figura del video que se grabó la noche que murió mi vecino… Anoche tapé todas las ventanas. Bajé las persianas. Cerré con doble vuelta todas las cerraduras. Apagué las luces. Pero no me fui. No sé por qué no me fui. Me senté frente a los monitores de mi sistema, uno para cada cámara. A las 2:57 a.m., algo cruza el patio trasero. Muy rápido. Lo bastante lento para verlo, pero lo bastante rápido para que parezca irreal. La cámara lo sigue sola. Y entonces, a las 3:00 en punto, se detiene frente a la puerta trasera. Se queda ahí. Parado. Sin moverse. Durante exactamente 1 minuto. Luego, da un paso atrás y desaparece. Eso fue anoche. Ahora mismo estoy escribiendo esto con los monitores encendidos a mi derecha. Hace unos minutos, las cuatro cámaras dejaron de responder al mismo tiempo. La imagen congelada muestra la entrada de mi casa. Y está abierta. Yo no la abrí. Sea lo que sea que mi vecino trataba de vigilar, ya está aquí… no sé cómo describirlo, pero siento que ahora… hay algo nuevo viviendo en mi casa…
El descubrimiento
Actualización del Post 3 semanas después… Durante unos días, nada nuevo paso… las cámaras dejaron de registrar sucesos… todos los días revisaba segundo a segundo todo lo que se había grabado… y nada… Por fin conseguí relajarme… pero solo parcialmente… aunque aparentemente no dormía mal… si es cierto que todos los días me levantaba muy cansada… no mucha pereza… con mucho sueño, como si no hubiera dormido nada en toda la noche… Y fue esta mañana cuando… al despertar… comprendí el motivo de porque no descansaba mientras dormía… vi que mi móvil no estaba en el sitio que normalmente lo dejo… (en la mesilla de la derecha) … Lo desbloquee y note que la última aplicación usada había sido la de Cámara Asustada entre a mi galería… y esto es lo que encontré…
No hace falta decir que ahora mismo siento un miedo inhumano recorriendo mi cuerpo… hasta aquí he llegado… Hoy mismo abandono esta casa… no se dónde iré… si volveré con mis padres o alquilaré algo por el centro… pero desde luego… esto ha sido suficiente para obligarme a salir de aquí corriendo… No se quién es esa presencia… ni que quiere de mi… pero si sé que mi vecino falleció y de alguna manera estaba intentando avisarme de algo… Después de este tiempo, mi teoría es que esa presencia se alimenta de mis energías mientras duermo, me roba toda la vitalidad… no se ni porque ni para que… pero es por esto que cada día me encuentro más débil y cansada. También pienso que anteriormente mi vecino debió sufrir mí misma suerte, y de alguna manera logró librarse de ella… pero sabía que podría volver... por eso puso las cámaras y vivía obsesionado con la vigilancia… y al final… de alguna manera, esta entidad consiguió volver a entrar en su casa y robarle el resto de su vida… Pero yo no seré la siguiente… No lo seré…