Diario de una periodista infiltrada en una subasta clandestina donde se subastan personas
PREPARACIÓN
Elena: Lunes. Tres semanas preparando esto.
Elena: La invitación llegó por correo físico. Papel grueso, dorado, sin remitente. Solo una dirección en Ginebra y una fecha.
Elena: Me la mandó una fuente anónima. No es la primera vez que alguien me filtra algo sin firma. Pero jamás me habían mandado algo en papel.
Elena: El papel huele a algo. Madera vieja o polvo de archivo. No sé describir exactamente el olor.
Elena: Mi editora me dijo que no fuera. Que era demasiado peligroso. Que si alguien filtraba la información original era porque quería que lo descubrieran, y eso nunca es buena señal.
Elena: Llevo seis años cubriendo tráfico de personas. He estado en Calais, en Lampedusa, en los campamentos del norte de Siria, en los centros de detención de Libia. Sé cómo funciona esto. Sé quiénes son las víctimas y quiénes los responsables.
Elena: Pero siempre cubrimos el lado de abajo. Los barcos. Los campamentos. Los muertos. Nunca el lado de arriba.
Elena: Creo que puedo con esto.
Creo.
Elena: La invitación dice: Maison Aurelian. Sesión Privada CXII. Solo invitados.
Elena: Busqué Maison Aurelian. No existe en ninguna base de datos pública. La dirección en Ginebra pertenece a una empresa de consultoría que cambió de nombre cuatro veces en diez años.
Elena: La empresa detrás de esa empresa está en las Islas Caimán. La empresa detrás de esa está en Delaware. La de detrás, en Liechtenstein.
Elena: Eso ya es una noticia.
Elena: Martes. Mi identidad de cobertura: Ana Vidal, representante de una familia de inversores colombianos.
Elena: Pasaporte falso cortesía del periódico. Documentación financiera impresa en papel membretado real de una empresa que existe pero que no tiene ni idea de que la estoy usando.
Elena: Voy sola. Sin cámara. Solo con esto: un bolígrafo con grabadora integrada, un reloj con cámara de gran angular que mi editor compró en un sitio cuestionable de internet, y este cuaderno.
Elena: El reloj lo devuelvo si no pasa nada. Lo guardo como evidencia si pasa algo.
Elena: Si algo sale mal, nadie sabe donde estoy.
Eso también lo decía mi editora.
Elena: Miércoles. Vuelo a Ginebra.
Elena: El lago Lemán desde el avión parece plata fundida. La ciudad más cara del mundo, dicen. La ciudad de los relojes, del chocolate, de las sedes diplomáticas. Aquí los secretos se guardan desde hace siglos.
Elena: Cinco bancos por cada habitante. Eso leí en algún sitio. No sé si es cierto pero lo creo.
Elena: El hotel me lo pagó el periódico. Cuatro estrellas, porque a la gente que recibe estas invitaciones no se le aloja en hostales.
Elena: Repaso mi historia de cobertura cien veces. Ana Vidal. Nacida en Bogotá. Residente en Miami. La familia tiene fondos en petróleo y bienes raíces. Busca diversificar. Qué quiere decir diversificar en este contexto, prefiero no pensarlo hasta que lo vea.