Una mujer cuenta lo que le pasó después de pasar la noche con un desconocido
Parte 1 — El hombre del bar
Antes de empezar quiero dejar claro que no soy de las que cree en estas cosas. No leo el horóscopo, no me asustan las películas de terror, y si alguien me hubiera contado esta historia hace dos meses yo también habría pensado que estaba exagerando o directamente mintiendo. Lo digo porque necesito que entendáis que lo que voy a contar es real y que lo estoy procesando tan mal que he acabado escribiéndolo aquí porque no sé a quién más decírselo.
Me llamo Marta, tengo 32 años, vivo en Madrid y el viernes 6 de octubre salí con un par de amigas a tomar algo por el centro. Nada especial. Un bar de esos que tienen música demasiado alta y cervezas demasiado caras, ya me entendéis. Llegamos sobre las once, pedimos algo y nos instalamos en la barra. Al rato de estar allí, me fijé en un hombre que estaba de pie un poco más hacia el fondo, solo, con una copa en la mano.
Era atractivo. Eso es lo primero que diría cualquiera. Alto, pelo oscuro, bien vestido sin parecer que lo intentaba. Pero lo que más me llamó la atención, aunque en ese momento no supe ponerlo en palabras, era algo en su manera de estar. No se movía. Me refiero a que la mayoría de la gente en un bar se mueve constantemente, mira el teléfono, se pasa el peso de un pie al otro, busca a alguien con los ojos. Él no. Estaba completamente quieto, como si no tuviera que hacer ningún esfuerzo por estar cómodo en ese sitio. Como si el sitio fuera suyo y todos los demás fuéramos los visitantes.
Al final nos hablamos. No recuerdo bien cómo empezó, creo que yo me acerqué a pedir otra copa y él hizo algún comentario sobre la música o el barman, algo sin importancia. Lo que sí recuerdo es que la conversación se enganchó sola. Hablamos de todo y de nada durante horas. Mis amigas se fueron a eso de la una y media, me avisaron, me dijeron que si quería seguir que siguiera, y yo me quedé.
Y aquí está la cosa que no termino de entender: mientras hablaba con él había algo que no encajaba. No era nada concreto. No dijo nada raro, no hizo nada inapropiado. Pero había momentos en que me daba cuenta de que llevaba mucho rato sin parpadear. O de que siempre estaba un poco demasiado cerca, no de forma agresiva, sino como si el concepto de espacio personal no terminara de tenerlo calibrado. Y sin embargo yo no me fui. Quería quedarme cerca de él. Es lo más extraño que puedo decir y sé que suena fatal, pero era como una especie de atracción que iba más allá de que me gustara, era casi física, casi gravitatoria.
Me fui con él. No me arrepiento en el sentido convencional, era adulta, tomé una decisión, pero lo que pasó después me hace desear que me hubiera ido con mis amigas.
Su apartamento era raro. No de manera obvia, no estaba sucio ni olía mal ni había nada siniestro colgado en las paredes. Era simplemente vacío. Un sofá, una mesa, una silla. Nada en las estanterías. Ninguna foto. Ningún objeto personal, ni un libro, ni un cargador, ni una chaqueta colgada detrás de una puerta. El tipo de vacío que no parece que alguien viva ahí sino que alguien lo usa para algo que no es vivir.
Había una sola lámpara encendida y fue con esa luz cuando me fijé en su piel. No de forma alarmante, era un pensamiento que pasó muy deprisa y que casi no registré hasta después. Tenía la textura ligeramente incorrecta. No mala, no enferma, simplemente un poco fuera de lugar, como material que debería ser cálido al tacto pero que no lo era del todo. Me dije que habría bebido demasiado y lo dejé pasar.
Por la mañana no estaba. Desperté y el apartamento estaba vacío. No me sorprendió especialmente, estas cosas pasan, recogí mis cosas y me fui. Tardé un poco en encontrar la salida del edificio porque los pasillos eran más largos de lo que recordaba, pero bueno.
En el autobús de vuelta a casa fue cuando lo noté por primera vez. Me apoyé el bolso en el regazo y al cruzar las manos encima me pasé el pulgar por la cara interna de la muñeca izquierda, un gesto automático que hago cuando estoy aburrida o nerviosa. Y me detuve. Había algo diferente en esa zona de piel. Una superficie de unos dos centímetros, no visible a primera vista, pero al tacto distinta. Más tirante. No dolorosa en absoluto. Solo diferente, como si la piel estuviera ligeramente tensa sobre algo que había debajo y que no acababa de moverse del todo bien. Me la quedé mirando un momento y no vi nada. Absolutamente nada. Solo piel normal.
Me dije que sería una picadura de insecto o que me había apoyado el bolso de una manera rara durante el trayecto. Y durante los días siguientes intenté no pensar en ello. Duré doce días antes de darme cuenta de que el asunto no se iba a resolver solo.
Actualización — día 12
Hola de nuevo. Sé que la primera parte fue larga, gracias a los que se quedaron hasta el final. Voy a intentar ser más concisa en esta actualización aunque es difícil porque no sé bien qué detalles son importantes y cuáles no.
La zona de la muñeca no ha desaparecido. Ha crecido, aunque no de forma visible a simple vista. Si la miras, parece piel normal. Si la tocas, si deslizas el dedo muy despacio por encima, puedes notar la diferencia: hay un área de unos cuatro centímetros ahora, ligeramente más lisa de lo normal, con una temperatura un poco más baja que el resto de la piel de la muñeca, y lo más difícil de describir, no se mueve igual. Cuando pellizco piel normal en cualquier otra parte del cuerpo, la piel se desplaza un poco sobre el tejido de abajo, es flexible, tiene algo de holgura. Esta zona no. Es como si estuviera pegada a algo que hay debajo de forma más rígida de lo que debería.
Fui a la dermatóloga el martes. Me miró la zona con una lupa, me hizo algunas preguntas sobre si había estado en contacto con productos químicos o plantas, me tomó muestras con un hisopo y me pidió análisis. Los análisis volvieron todos normales esta semana. Sin infección, sin hongos, sin marcadores autoinmunes, sin nada. La dermatóloga me dijo que era inusual pero que no había nada preocupante en los valores y que habría que esperar a ver si evolucionaba. Me dio la sensación de que no sabía qué decirme.
He estado intentando encontrar al hombre del bar. Sé que suena un poco obsesivo pero necesito entender si hay alguna conexión aunque sea como punto de partida. No sé su nombre. No tengo su número, no intercambiamos teléfonos. No sé la dirección exacta del apartamento porque esa noche navegué un poco a lo loco con el móvil y no guardé nada. He buscado su descripción en todas las apps que se me ocurren, he preguntado a mis amigas si lo habían visto antes, he vuelto al bar dos veces. Nada.
Y entonces pasó lo otro.
El jueves por la mañana me desperté y durante unos treinta segundos no pude sentir mi cara. No quiero que esto suene más dramático de lo que fue porque en el momento no fue doloroso ni fue un desmayo ni fue nada que se pudiera describir fácilmente. Fue simplemente que al despertar y llevarme la mano a la cara de forma automática, como hace todo el mundo, no noté nada donde debería haber algo. No es que estuviera entumecida, la palabra entumecida implica una especie de cosquilleo, un hormigueo, algo. Esto era ausencia. Como si mi cara no estuviera ahí en absoluto.
Después de esos treinta segundos la sensación volvió completamente. Me toqué la cara, la noté normal, me miré en el espejo del baño, todo correcto. Me dije que sería el sueño, que me habría apoyado de alguna manera rara en la almohada y se me habría dormido la cara, sé que eso no tiene mucho sentido anatómicamente hablando pero necesitaba una explicación y esa era la única que tenía.
El episodio se repitió el viernes. Esta vez lo cronometré porque ya estaba preparada: cuarenta y cinco segundos. El sábado, cincuenta y dos segundos. Esta mañana, un minuto y dieciocho segundos. Estoy escribiendo esta actualización porque los episodios se están alargando y porque ya no puedo seguir diciéndome que es el sueño.
He pedido cita con un neurólogo para la semana que viene. Mientras tanto he estado leyendo sobre parestesias y sobre enfermedades de la piel y no he encontrado nada que encaje con lo que me está pasando exactamente. Si alguien ha tenido algo parecido, o conoce a alguien que lo haya tenido, o tiene cualquier idea aunque sea descabellada, por favor que me lo diga en los comentarios. Estoy intentando ser racional pero cada mañana cuando me despierto y llevo la mano a la cara noto ese segundo de pavor antes de que la sensación vuelva.
Y la zona de la muñeca sigue creciendo. Despacio, pero sigue.
Última actualización
Han pasado seis semanas desde el primer post. Voy a intentar contar todo lo que ha pasado desde la última actualización de forma ordenada porque hay mucha información y quiero que quede claro qué es qué.