Gabriel Pastor, un chico de dieciocho años, llega a la gran ciudad para estudiar medicina. Conoce a su vecina, Julieta Jazmin Ayat, una chica gótica de su edad con múltiples tatuajes en el cuello, la pierna, y el torso. Ella tiene una hija de cinco años llamada Ambar, engendrada tras un trágico y oscuro pasado que intenta olvidar. Gabriel empezara a enamorarse de ella pensando en una cosa. ¿El pasado de una persona importa en una relación?
El Clic Silencioso
Mi colectivo llegaba a la terminal de ómnibus. Me sentía nervioso al venir a la gran ciudad. La gente hablaba al costado de los vehículos. Se escuchaba a uno diciendo. -Voy a volver a ver a mi hija, es una niña muy valiente. Me levanté del asiento cuando el colectivo se detuvo. Caminé con mi bolso hasta salir del interior del vehículo que ya empezaba a oler a sudor. Miré a mi alrededor. La terminal tenía paredes blancas, escaleras eléctricas y varios comercios. Venía de un pueblo muy pequeño. Todo esto era muy moderno y colorido para mí. Caminé hasta el interior. Había demasiada gente. Una mujer embarazada esperando el colectivo. Un empleado de una empresa queriendo volver a su casa. Suspiré un momento. -Okey, Gabriel... estas en una nueva etapa, independizado, pero con ayuda de tus padres. Caminé un momento por el lugar. Había mucha gente en situación de calle buscando refugio. Demasiados vendedores ambulantes intentando sobrevivir. Un chico que estaba tirado sobre un carton se me acerca y extiende su mano. -¿Puedes darme una monedita?, estoy juntando para comprar para comer. Busqué en mi bolsillo, y le di algo de dinero que tenía suelto. El agradeció y empezó a seguirme. Me sentí raro al tener al chico al lado mío. Pregunté. -¿En qué te ayudo? El respondió con una pregunta. -¿Tu eres familiar de la chica que vende cerca de la salida? No entendí. -¿Que? El dice. -Te lo preguntaba porque eres pálido como ella. Yo y mis amigos nos sentamos a verla todo el dia. Es un espectáculo tu hermana. Menciono. -Yo no tengo hermana, ¿estas bien? Él se presentó de manera errática. -Soy Samuel, tu futuro cuñado. Te pareces mucho a esa chica, así que pienso que eres su hermano o algo así. Lo miré con seriedad. -Déjame tranquilo. Se nota que estas borracho y yo solo quiero ir a mi casa. El me tomo del hombro suavemente. Iba a defenderme, pero no note malicia en su actitud. -A la salida de la terminal hay una muchacha de tu edad que esta buenísima. Pelo morado hasta los hombros, ojos del mismo tono, pálida y gótica, con tatuajes en todo el cuerpo, delgada y bajita. Te la recomiendo, galán. Él se apartó de mí y siguió con su camino. Me quede pensando en lo que dijo. ¿Qué haría una chica tan perfecta vendiendo en una terminal de colectivos? Caminé por el lugar con tranquilidad. Iba a salir, pero algo me detuvo. Vi a esa misma chica. Era igual a como la describió ese hombre. Llevaba una ropa negra muy seductora. Mi corazón salto al verla. Era muy atractiva. Deje mi seriedad a un lado. La escuche vender sus dulces a una anciana. Su voz era como la de un angel. -Buenos días, señora, yo estoy vendiendo para mantener a mi hija y pagar el alquiler. Tengo alfajores caseros. La señora respondió. -No quiero, pero gracias. -Está bien, que tenga buen viaje. Ella clavo su mirada en mí. Casi empecé a babear al verla, pero disimulé bien. Ella caminó hasta mí. Estábamos frente a frente. De repente, sentí un clic silencioso dentro de mi cabeza. Parece que ella también lo percibió. Sentí como si un relámpago silencioso cayera entre nosotros. Todo se detuvo. Ella ladeo la cabeza, como si recordara algo. -Disculpa... yo te conozco de algún lado, porque te recuerdo de alguna parte. Respondo. -Eh... no lo creo, es la primera vez que veo a una chica como tu. Me miro extrañada. -¿Como yo? -Si... Una chica gótica con ese cabello y tatuajes bonitos. Bajó la cabeza. -No me gustan mis tatuajes, pero gracias por elogiar mi cabello. Menciono -Me gusta como quedan tus ojos con tus lentes de contacto. Ella responde. -No son lentes de contacto, tengo síndrome de Alejandría. Mi hija lo heredo de mí. Algo salto en mi mente. -¿Hija? Ella responde. -Claro, soy madre. Agarró con más fuerza su caja de dulces. -No importa, no se porque estoy hablando de esto contigo. Hizo una leve pausa. -¿Quieres comprarme algo?, tengo alfajores y galletas caseras, con chispas de chocolate. Bajo la cabeza otra vez. -No tuve muchas ventas este dia. Respondí. -¿Los haces vos?, dame tres alfajores. Ella levantó la cabeza y me miro fijo. -¿Tres?, muchas gracias. Mientras hacíamos el intercambio, le pregunte. -¿Siempres te vestís tan bonito? Contestó. -Es para persuadir a los clientes, además me gusta vestirme así. Me hace sentir elegante. -Entiendo, se te ve muy bien... Ella se sonrojó. -Me gustan las tres estrellas tatuadas al costado de tu cuello. Me extendió la mano. -Me llamo Julieta Jazmin Ayat. -Soy Gabriel Pastor. Mire la salida. -Creo que tengo que irme. Luego tengo clases. -Entonces no te quitare más tiempo, yo también tengo que seguir vendiendo. Nos quedamos mirando durante un rato. Miré su tatuaje de garras en el cuello, su dragon en la pierna, el corazón en su pecho y las flores en sus brazos. Ella observo las tres estrellas que tenía al costado de mi cuello. Era una conexión sobrenatural, fruto de ese relámpago invisible que cayo entre nosotros. Era extraño... Deje la terminal mientras miraba atrás. ¿Que fue ese clic que sentí? Caminé por la calle manteniéndome cerca de la gente que parecía amable. Mi mente solo pensaba en esa chica que era madre joven y trabajaba como vendedora ambulante. El sentimiento era increíble, como si ambos estuviéramos destinados a encontrarnos. Lastimosamente, esa chica es el tipo de persona que solo encuentras una vez en la vida. No me anime a pedirle su numero. Me detuve al frente de una tienda. El vendedor era un hombre canoso. El me vio de arriba a abajo. -Te conozco, eres Gabriel, el hijo del sargento Harry. Lo reconocí. -Señor Heredia, ¿Como le va? Lo saludé con una sonrisa. -Usted estaba en el ejercito con mi padre. El mencionó. -Era teniente. Ahora estoy retirado al igual que tu padre, y atiendo el negocio de mi hijo porque la situación esta complicada. -Si... lo recuerdo bien. Hizo una pausa. -Vivo aquí en la cuadra. Me puso una mano en el hombro. -Entonces tendrías que venir a comprar aquí seguido. Los mejores sandwiches de Queens. -Deme uno, para ver si es verdad. No merendé nada. Me entrego en la mano uno de sus famosos sandwiches. Lo probé, y tenía un sabor increíble. -Tiene razon... los mejores sandwiches de Queens. El miró al costado y luego se acercó para hablar. -¿Vienes de la terminal?, porque ahi siempre vende una chica que está muy bonita, de tu edad. Tiene una hija que esta toda la mañana en el jardín mientras ella trabaja. Antes vendía en las plazas de Nueva York. Pregunté. -¿Como sabe todo eso?, ¿la está acosando? No tardo en contestar. -No, ella vive en esta misma cuadra y viene seguido a comprar. No conozco su historia, pero es muy joven como para tener una criatura y trabajar. -Cuando estuvo cerca mío sentí un clic eléctrico y silencioso dentro de mi cabeza. El señor Heredia sonrió. -Parece que cupido te clavo una flecha. Es toda tuya, galán. Todos siempre me decían lo mismo cuando me hablaban de ella. Me despedí del señor Heredia. ¿De verdad ella vive en la misma cuadra? Qué casualidad...
La Casualidad
Llegué a mi departamento nuevo de paredes blancas y rosas. Respiré el aire del nuevo ambiente. Ahora era casi independiente. Vivia solo. Estuve unos minutos ordenando mis cosas, en especial la ropa. Tenía demasiada. El monoambiente era un poco claustrofóbico, pero estaba comodo. Finalmente, deje mi computadora en el escritorio. Ya todo estaba limpio y en su lugar. Me acosté en mi cama un momento. Me puse mis auriculares para escuchar musica. Cerré los ojos y todo parecía haberse detenido. Abrí mis ojos de vuelta y escuché un ruido cerca. Me levanté rápido pensando que alguien entro a mi departamento a pesar de haber cerrado con llave. Pero no era eso... Vi a una niña de cabello largo y morado. Estaba apoyada contra la pared con las rodillas en el pecho y la cabeza baja. Lloraba y gritaba sin parar. Me acerqué lentamente a ella y extendí mi mano. -Oye, ¿estas bien? Tenía unos tatuajes que me parecían muy familiares y su barriga estaba algo inflamada. Sostenía unas tijeras muy grandes en su mano derecha. Pateé las tijeras rápidamente. La agarré de los hombros y vi su rostro. -¿Julieta? Todo se volvió negro y me desperté. Todo fue un sueño. Puse mi mano en mi cabeza. ¿Por qué tuve un sueño así? Parecia algo sobre su pasado, pero yo no se nada de ella. Mi estomago empezó a rugir. Tenía mucha hambre. De repente, sentí a alguien hablando en la habitación de al lado. Las paredes eran finas. Escuche. -Tranquila Ambar, ya vamos a ir al supermercado. Te comprare tus postres favoritos. Me dio curiosidad saber quién era mi vecina. Tenía una voz familiar. Me saqué mis auriculares y caminé hasta el pasillo. La manija se movió y escuche esa voz otra vez. -Querida, tenemos que irnos. La gata estará bien. La puerta se abrió. Me sorprendí al ver quien era. Julieta Jazmin Ayat Usaba una remera blanca, un short negro deportivo, y unas zapatillas negras. Sus tatuajes se notaban mucho más y su piel pálida brillaba por el sol. Ella tomaba la mano de una niña. Me miró con una mezcla de miedo y asombro. -¿Gabriel? Abrí bien los ojos por la sorpresa. -¿Julieta? Nos quedamos callados un momento. Hablamos al unisono. -¿Somos vecinos? Ella agarró la mano de su hija. -¿¡Eres un acosador!? Levanté las manos. -No es eso, pero debe ser una casualidad. El señor Heredia me dijo que vivías por aquí, pero no pensé que vivirías al lado de mi departamento. -¿El señor Heredia te hablo de mí? Respondí. -Si, eres conocida como la chica gótica y amable que vende dulces caseros. Conozco al señor Heredia porque estaba en el ejercito con mi padre. Julieta levantó la cabeza mientras intentaba comprender. -Ya veo... Pareces bueno, pero no confió en ti. Es mucha casualidad. Es como si fueras un acosador. -¿Piensas que si fuera un acosador rentaría un departamento al lado tuyo?, yo sería más discreto. Se quedo callada un momento. -Es muy extraño. -Eres muy desconfiada y lo respeto, pero no te estoy siguiendo. ¿Tu nombre era Julieta Jazmin Ayat? -Si... Miré a la niña que estaba a su lado. -Ella debe ser tu hija. -Se llama Ambar. Acenti. -Ambar... Caminé al lado de ella luego de cerrar con llave mi departamento. -Fue un gusto verte, pero ahora tengo que ir al supermercado del señor Heredia a comprar. Ella mencionó. -Yo también tengo que ir a comprar... Sonreí. -Ah... genial, podemos hablar en el camino para ir conociéndonos. Los vecinos se tienen que llevar bien. Ella retrocedió unos pasos, pero Ambar avanzo. -¿El señor puede ser mi nuevo amigo? Ella me miro temblando. Puse mi mano en su hombro. -Oye, ¿estas bien?, estas sudando. Quito mi mano de su hombro suavemente. -Estoy bien. -No te preocupes, no soy alguien malo. Bajamos el ascensor juntos. La niña menciona. -Mi mami nunca confía. Miré a la niña. -Eres una niña muy inteligente. Julieta menciono sin mirarme. -Yo le enseño y la hago estudiar. Tiene cinco añitos y ya tiene el habito de leer. Menciono. -Tiene una buena madre. -Gracias... Salimos del edificio y caminamos juntos por la vereda. Le dije a Julieta. -¿Estudias alguna carrera por la tarde? Contesta. -No, pero se de gastronomía y repostería. Frases rápidas. Lo entiendo. No me conoces. Vi que intentaba mantener distancia conmigo, pero desconfiaba mucho más de los transeuntes. Era alguien que no sabía en donde esconderse. Llegamos al supermercado del señor Heredia. Él nos miró y sonrió. -Asi que ahora vienen los dos juntos. La famosa vendedora y el karateka. Julieta me miro. -¿Karateka? Respondí. -Si, practico karate y kobudo. Soy cinturón negro en ambas disciplinas. -Que admirable. Ambar preguntó. -¿Yo puedo aprender Karate? Me agache al frente de ella. -Si... puedo enseñarte algún dia. El señor Heredia sonrió y me guiño un ojo. Recordé que me dijo que vaya a por ella como un galán. Julieta es una chica muy bonita, pero está marcada por algo muy profundo. Lo vi... Le dije a Julieta. -Compremos lo que necesitamos. -Claro... Caminamos por el lugar. Yo cargue mucha comida y productos. Estaba comenzando a vivir solo. Me detuve al lado del cochecito de Julieta. Ella solo llevaba un pollo chico, latas de comida y fideos. Aprovechaba mucho las ofertas. Ella menciono. -Todo aumenta cada semana. Me estresa. Preguntó. -¿Como haces para que te alcance para todo? Respondí. -Mis padres pagan mis cosas. -Ya veo... entonces no sabes lo que es no tener trabajo y no llegar a fin de mes. Veía mi carrito lleno, y el suyo casi vacío. Pregunté. -¿Quieres que te compre algo más? Me miró con desconfianza. -¿En serio? -Si... no me cuesta nada. Entre vecinos tenemos que ayudarnos. Vi a Ambar. -Ambas pueden almorzar algo bueno el día de hoy. Julieta me guio por el supermercado y llegamos al mostrador de carnes. Señalo un corte de carne muy caro. -Quiero ese... -Cárgala en el carrito. Ella obedeció y fuimos a pagar. Pregunté. -¿Con que pagas? Respondió. -Efectivo... Saqué mi billetera y le di lo que necesitaba para comprar esa carne. Ella fue la primera en pagar y sacó su dinero. Lo contaba rápido. Agarró a su hija para salir. -Te espero afuera del supermercado... Fui el siguiente en pasar. El señor Heredia me agarra del hombro. -Vi por las camaras que le diste dinero a esa chica. -Yo... y no... Intente justificarme. El señor Heredia sonrió. -Recuerdo que tu padre le dio dinero a tu madre para comprar sus galletas en la primaria. Desde ese día estuvieron juntos por siempre. Ladie la cabeza. -¿En la primaria?, ¿de cuántas cosas hablaste con mi padre? -A lo mejor lo conozco mejor que tú. Hizo una pausa. -Julieta es una chica tímida y desconfiada, pero no pierdas el tiempo. -¿Por qué todos me dicen eso? Sali con mis bolsas de compras. Pesaban un poco, pero estaba acostumbrado. Fui caminando al lado de Julieta. Ella rompió el silencio incomodo. -Asi que te gusta aprender Karate. Es una disciplina linda. Ojalá pudiera aprender a defenderme. La mire de reojo. -Yo podría enseñarles. Se sonrojo. -Gabriel, yo no podría pagarte las clases. -Podrías pagar de otra forma. Se alejó un poco. -Soy una mujer decente. -No me refería a eso. Vos sabes de cocina y repostería. Podrías hacerme algunas comidas gratis. Estoy seguro de que podrías convertir un simple arroz en una cena deliciosa. Sonrió después de estar asustada durante mucho tiempo. -Si... es verdad, todo me sale muy bien. Pregunté. -¿No pensaste en trabajar de eso en alguna cafeteria o restaurante? -Lo intente, pero no quieren contratarme. Reciben a gente que este mejor capacitada y tenga más experiencia. -Ah, claro... eso pasa siempre. Me preguntó. -¿Que estudias? -Estudio medicina en la universidad de Nueva York. Sus ojos se abrieron de par en par. -Asi que tengo un médico al lado de mi habitación. Que bueno... -¿Por qué lo dices? -Ambar tiene ataques de pánico todos los días, también es hiperactiva. Mire a la niña. -Es peligroso que ella tenga ese tipo de ataques, ¿convulciona? -Una sola vez. Intente llevarla a un médico pero no me atendieron porque no tenía dinero, ¿quién hace eso? Hizo una pausa. -No todos tenemos a papi y mami para que nos apoyen. Me quede pensando en que algunas personas sufren demasiado mientras que yo me molesto por no poder decidir que ponerme en el dia. No significa que mi sufrimiento no vale, pero ella paso por más cosas durante su infancia. Ambos tenemos un pasado que queremos ocultar. Ella hizo una pregunta repentina. -¿El pasado de una mujer importa mucho para ti? Respondí. -Para nada... a menos que haya cometido un crimen muy grave. No me importa lo que haya hecho en sus relaciones pasadas. Lo que me importa es como esa persona es conmigo ahora y que quiere para el futuro. Ella sonrió. -Para recompensarte por haberme comprado toda esa carne, te invito a almorzar. -Estaría genial. Entramos al edificio y subimos por el ascensor. El ambiente era distinto. Pregunté. -Me habías dicho que no te gustaban tus tatuajes, pero a mí me parecen geniales. Me miro con timidez. -Gracias, pero son parte de otra vida que quiero olvidar. -Está bien... Entiendo. Ambar levantó la cabeza para mirarme. -Mami nunca habla de sus tatuajes. El ascensor llegó al piso cinco. Julieta sacó sus llaves y abrió su departamento. Era un lugar pequeño como el mío, pero muy bien ordenado. Ambar entró primero y agarró uno de sus peluches. Una mujer con traje de heroína, con un logo de signo de pregunta. -Ella es Misterio, mi superheroína favorita. Vi como una gata negra se escondía en la habitación. Julieta soltó una risa. -Esa es mi gata, Aurora. Es algo asocial. Volteo a verme. -Bueno... ¿vas a pasar? Me hizo sentarme mientras ella cocinaba la carne. No tenía temas de conversación. Mencioné. -Es un lindo día. Luego podríamos hablar en el pasillo mientras vemos la ciudad. Julieta volteo. -Hagámoslo ahora. La carne tardara un rato en cocinarse. Salimos al pasillo y nos apoyamos en la baranda. Pregunte sin ser muy invasivo. -¿Que sientes al criar a Ambar? Ella contesto. -Ambar es mi mayor tesoro y es lo único que tengo. Mis padres son unos idiotas, mis amigos fueron malas personas, mis abuelos ya no están y no tengo otros familiares. Mire la ciudad. -Yo tampoco tengo a alguien. Hubo un fuerte silencio. Dijimos al unisono. -Tal vez debamos ayudarnos entre vecinos. Sonreímos al vernos. Senti ese clic sobrenatural de nuevo, y ella también lo experimento. Entré y comí junto a ellas. El ambiente se sentía cálido. Después de mucho tiempo estaba empezando a conocer gente agradable. Vi a Julieta reírse suavemente. Estaba tranquila al escuchar mis anécdotas. Yo escuchaba las suyas con la misma calma. Los callados siempre tenían lo mejor para contar.
Deudas
Esa noche volví a tener un sueño extraño... Estaba en el baño de una casa y el ambiente se sentía pesado. La niña de cabello morado estaba al frente de mí. Se miraba al espejo y tocaba su ojo hinchado. Estaba herida por un golpe fuerte y su cabello estaba desordenado. No vestía como debería hacerlo una niña de su edad. Me acerqué. -Oye, necesitas ponerte hielo en ese ojo. La voz de un hombre se sintió. -Niña, tienes otro cliente. Apúrate y ven rápido. La niña no quería salir. Pasaron unos minutos, hasta que un grupo de matones entraron para llevársela a la fuerza. Intenté detenerlos, pero mi cuerpo era intangible, como si fuera un fantasma observando desde la oscuridad. -No... No se la lleven, solo es una niña. Todo se volvió oscuro. Me desperté de un salto. Pregunté. -Esa niña... De repente, escuche gritos en el departamento de al lado. -¡Tranquila, Ambar, estoy aquí! Me vestí y salí a inmediatamente. Julieta abrió la puerta y saco a Ambar a tomar aire. -¡Respira! Pregunté preocupado. -¿Tiene uno de sus ataques de pánico? Julieta me miro. -Si... ayúdame a tranquilizarla. La pequeña Ambar se agarraba el pecho. Me senté en el piso al lado de ella. -Ambar, estamos aquí, respira hondo. Julieta miraba como su hija se calmaba. Poco a poco dejo de tener pánico. -Ya está mejor, gracias, Gabriel. Pregunté. -¿Que provoca los ataques de pánico? -Ella es claustrofóbica, y el departamento nuestro es demasiado chico, por eso a veces dejo la puerta abierta todo el rato. Se agarró la cabeza. -Dios mío, soy una mala madre. Ella confiesa. -Estoy endeudada con la dueña del edificio. Nos podria mandar a la calle. Le agarré el hombro. -No eres mala madre. Buscaste la solución e intentas hacer lo mejor. El dinero no te hace mejor o peor madre. Sonrió. -Gracias, Gabriel. Confesó. -¿Sabes algo?, tuve un sueño muy raro. Un niño que recibía todo lo que quería, excepto la atención de sus padres que trabajaban todo el dia. Hizo una pausa. -El papá era una especie de militar exigente, y la mamá era una artista. -Mis padres son eso, militar retirado y profesora de artes. Confesé. -Yo sueño constantemente con una niña tatuada y de cabello morado, a la cual los adultos le hicieron mucho daño. Nos quedamos mirando un momento en silencio. Ella se incomodó y cambio de tema. -¿Cuándo empezamos con el karate y la defensa personal? -Hoy a la tarde... Entendí que no quisiera hablar de eso. Julieta era frágil como una copa de cristal, y cualquier cosa que yo diga podría quebrarla. La dueña del edificio subió por el ascensor. Ambos la vimos llegar. Era una mujer obesa y de cabello desordenado. Sin decir nada, le acerco unos papeles a Julieta. Ella los miro con detenimiento. -¿Deudas? La dueña del edificio hablo con voz alta y grave. -Me debes dos meses de renta. Si no puedes pagar, te tendre que largar a la calle y no me importa que tengas una hija. Julieta se quedó paralizada. La idea de ser una vagabunda la aterraba. Respondí por ella. -Le va a pagar cuando pueda... no se preocupe... La dueña dijo. -No te metas. Esto es entre ella y yo. Respondí. -No le hable de mala manera. Ella no merece ser tratada así. La mujer no dijo nada más, solo se fue. Julieta se fue a trabajar y a dejar a Ambar al jardín de niños. Yo no tenía clases ese día, así que me decidí ir al supermercado del señor Heredia a comprar uno de sus sandwiches para el desayuno. El me recibió. -Hola, Gabriel, ¿cómo va la medicina? Mencioné. -Todavía no empecé las clases presenciales, pero estuve leyendo sobre anatomía y se me hace fácil. Miró a su alrededor. -¿Como vas con Julieta? Respondí con timidez. -Bien, me invito a comer a su casa como agradecimiento por haberle dado algo de dinero. -Si una chica tímida te invita a su casa así de rápido... Lo interrumpí. -Julieta es linda y tierna, pero no sé si saldría con ella. Tiene muchas responsabilidades, una vida de adulta, y yo recibo todo de arriba. El señor Heredia contestó. -Te voy a contar una historia. Tu padre antes de unirse a la milicia era solamente un boxeador amateur, y tu madre ya era maestra de artes. Era más grande que tu padre y se enamoró de el al verlo pelear. Hizo una pausa. -Obviamente, tuvieron citas y se conocieron mucho. Me quede pensando en eso toda la tarde. Habían muchas casualidades en mi vida. Las clases de karate comenzaron en el patio del edificio esa tarde. Estaba vestido con el karategui que usaba para entrenar. Julieta tenía la misma remera blanca y el short negro deportivo. Ambar tenía una remerita rosa y un pantalón largo oscuro. La niña pregunto. -Aqui esta sucio. Respondí. -Lo se, pero es el unico lugar que tengo para enseñarles. No puedo llevarlas al dojo de mi maestro. Julieta se levanta y me mira fijo con una leve melancolía. -Puedo entrenar aquí, mientras pueda aprender a defenderme de los acosadores de la plaza y de la terminal. Respondí. -Bien, es hora de ver los golpes básicos. Lance tres puñetazos al aire. Golpe a la cara, al pecho y al estómago. Ellas me imitaron. Ambar era la más descoordinada, pero era normal en una niña de cinco años. Corregí a ambas. -La negativa siempre a la altura de las costillas y detrás de todo, que no se vea. Ocúltala para lanzar el proximo golpe con mas fuerza. Miré a Ambar. -El puño bien cerradito, y usa el pulgar para apretar los dedos. Empezaron a lanzar golpes al aire. Yo corregía su postura. Julieta aprendía rápido, y su hija Ambar lo hacía muy bien a pesar de su corta edad. Luego pase a los bloqueos. Bloqueo a la cara, al pecho y bloqueo descendente. Ellas me imitaron perfectamente. Solo tuve que corregir cosas mínimas. Pase con las patadas. Patada frontal y circular. Ambas lo hicieron mal. Les explique. -Para hacerlo bien, tienen que levantar la rodilla y luego estirarla con fuerza. Ellas lo hicieron de esa forma y mejoraron bastante. Repitieron todo durante una hora entera, hasta que empezó a oscurecer. Me pare al frente de ambas. -Muy bien, también les voy a enseñar algo de boxeo. Tienen que cambiar la guardia, esquivar golpes, agacharse, desplazarse y todo eso. Le enseñe todo eso durante media hora. Mencione. -Vamos a hacer combate. Yo voy a ser el agresor, pero te voy a ir explicando lo que hay que mejorar. Empezamos cuando di la orden. La primera en pelear contra mí fue Julieta. Ella lanzaba golpes suaves y torpes. No quería lastimarme. Avancé contra ella y la tiré en el piso suavemente. -En un combate amistoso como este debes lanzar golpes rápidos para marcar y evitar que te agarren. La fuerza es para los katas y el combate real. Se levantó de nuevo. Sonreí. -Ya aprendió... Corrió contra mí y bloqueó todos mis golpes. Gritó y lanzó una ráfaga de golpes a a mi rostro. Me cubrí con la guardia y desvié cada uno con los bloqueos. Un golpe entro y me golpeo en la nariz. Julieta se preocupó. -¿Estas bien? Mencione. -Aprendes rápido... pudiste golpear a un cinto negro. Ella sonrió al saber que iba avanzando. Ambar se levantó. -¡Es mi turno! Fui más suave con la pequeña niña, pero golpeaba bien. Me cambie de ropa luego del entrenamiento. Julieta toco mi puerta y abri rápido. Ella tenía un pastel pequeño de crema y fresas. -Acepta este pequeño pastel como pago, por favor. Lo acepte con gusto. -Muchas gracias, seguramente sabe excelente. Ella miro al piso. -Oye, ¿Qué tipo de sueño tuviste? Decidí confesar. -Soñé con una niña que estaba viéndose en el espejo de su baño, horrorizada y con un ojo hinchado. Tenía tatuajes, el cabello y ojos morados. Hice una pausa. -Un hombre le decía que tenía clientes esperando. Parecía un tipo de explotación. Julieta se horrorizo y se fue rápido. -Me tengo que retirar... Su rostro pareció perdido. ¿Acaso ese clic silencioso me hizo ver algo más? Una parte de su vida que ella oculta. Me quede pensando en eso toda la noche. ¿Julieta fue víctima de algo horrible?
Almas Unidas
Pasaron varias semanas. No volví a tener esos sueños. A veces ayudaba a Julieta a cargar las bolsas de las compras. Me volví alguien muy servicial con ella. Sentía un instinto protector. Julieta estaba más cortante, pero hablábamos cuando salíamos juntos del edificio a la mañana. Yo iba a mis clases, ella iba a vender sus pasteles y dulces. Ella me contó una anécdota. Cuando estaba vendiendo en la terminal de Nueva York, todo parecía tranquilo. Un hombre había llegado y la miraba de arriba hasta abajo. Se acerco a Julieta que llevaba su ropa gótica y corta. Paso su mano por su pierna. Julieta se asustó y lanzo una patada giratoria a su rostro. La nariz del hombre empezó a sangrar. -¡Maldita zorra! Se abalanzó contra ella con golpes erráticos, pero ella lanzaba golpes rectos y bloqueos firmes. En poco tiempo el hombre termino en el suelo, con la nariz y el labio sangrando. Era un simple drogadicto, pero derribar a un sujeto más grande que ella era toda una hazaña. La policía se lo llevo rápidamente. Sonreímos al mismo tiempo. Su entrenamiento estaba dando frutos. Ella fue a trabajar y yo fui directo a la universidad. Me quedé en la parada del bus un momento. Respire el aire fresco de Nueva York. En un momento, vi a mi costado. Observé que había un local de un psíquico. Me dio curiosidad. Revisé una aplicación que me decia en donde estaba el bus. Estaba bastante lejos. Caminé hasta entrar al local del psíquico. Un hombre rubio y de cabello rizado me recibió con una sonrisa. -Bienvenido, soy Patricio, ¿en qué le puedo ayudar? Respondí. -Patricio, ¿vengo a hacerle una pequeña consulta sobre una duda que tengo? El me contestó firme. -Las consultas sobre temas de espíritus o magia cuestan ochenta dólares, pero a los primeros clientes se los rebajo a cincuenta. Le pague rápido y nos sentamos de frente. Pensé. -¿Temas de magia?, ¿acaso es mago de fiestas? El me miro curioso. -Siento que está muy preocupado. No solo por el autobus que se le puede pasar, si no por alguien que conoce. -¿Como sabe eso? Guiñó el ojo. -Trabaje en varias fiestas. Pregunté. -¿Sera posible que los yo pueda soñar con los recuerdos de otra persona? El miro curioso. -Se mas especifico. -Mi nombre es Gabriel, y estuve teniendo sueños de una niña que sufre abusos, y pienso que puede estar relacionado al pasado de mi vecina. Me preocupa. Él sonrió. -El famoso clic silencioso o relámpago invisible. -Si... ¿qué es eso? El responde. -Es un fenómeno en el que el alma de una persona pide una especie de ayuda desesperada a otra. Es una especie de maldición. -¿Maldicion? Él se levanta y camina por su oficina. -Es un tormento constante. Si están cerca emocionalmente, los sueños van a seguir. Respondí. -Ella es más cortante ahora y no tuve más esos sueños. -No están cerca emocionalmente... Hizo una pausa. -Ella te está pidiendo ayuda desesperadamente, Gabriel. No lo demuestra, pero necesita la compañia de alguien. Me miro fijo. -Solo debes tener en cuenta de que si estas para ella, las pesadillas van a seguir. ¿Alguna vez escuchaste el termino de unir sus almas en santo matrimonio?, es real. Respondí. -Pero yo no pienso casarme con ella. Me señalo con el dedo. -Solo te estoy explicando lo que podría pasar. Si en algún momento se vuelven novios, ambos van a tener pesadillas con el pasado del otro. Hizo una pausa. -Debes decidir, ¿te alejas para dejar de tener estas pesadillas o sigues sufriendo por ella? Me quedé en silencio y salí del local. El autobus llego a la parada justo a tiempo. Llegué en poco tiempo a la universidad. El ambiente se sentía tranquilo y lleno de vida. Estaría distraído en algo que no sea Julieta y esos sueños horribles. En poco tiempo, entré y salí de mi clase. Me encantaba la anatomía y a veces la dibujaba. Me encantaba dibujar cuerpos desnudos. Era un secreto mío. Me sente en una banca a practicar la anatomía, pero como los otros estaban viendo me puse a dibujarlos con ropa. Me quede pensando en lo que dijo Patricio. ¿Conexion de almas?, ¿almas pidiendo ayuda desesperadamente? Pense que diría algo sobre un destino compartido, pero es algo mucho más oscuro. Volvi al edificio. Fui a la lavandería donde otras de mis vecinas estaban lavando su ropa. Meti mis cosas en la lavadora. Mientras tanto, vi a mis vecinas. Cada una me había aparecido en las sugerencias de redes sociales anteriormente. Tenía mucho en mi cabeza. La universidad y mis relaciones. Estaba por abrir mi departamento, pero algo me detuvo. Julieta salió del suyo rápidamente con una cara seria y preocupada. Avanzó hasta estar al frente de mi. -Tuve un sueño muy raro esta mañana. No me anime a decírtelo. Pregunté. -¿Que soñaste? -Soñé que tu escapabas de un chico que tenía una soga atada al cuello. Mi corazón brinco al escuchar esa última descripción. ¿Mi alma también le está pidiendo ayuda a Julieta? Ella dijo. -Senti que esto puede estar relacionado contigo. No se como explicarlo, pero siempre te veo en mis sueños siendo ignorado por tus padres, y ahora tengo esta pesadilla donde te persigue este chico. Es extraño. Confese. -Hace muchos años, yo pertenecía a un grupo de amigos que molestaba a un muchacho. Ese chico se termino quitando la vida y me marco bastante. Hice una pausa. -Lamento que tengas que escuchar esto. Desde ese día quise parecer una figura protectora, pero no puedo dejar de recordar los momentos donde yo atacaba a los demás y cause una muerte. Julieta me miro fijo. Me tomo de la mejilla. -Tranquilo... ese es tu pasado y lo entiendo. Cuando somos pequeños nuestra cabeza está en otra parte. Hizo una pausa. -Yo también sufro algo de mi pasado, pero no me atrevo a contarlo. Respondí. -Puedes contármelo. Ella bajo la mirada. -Todavía no siento que pueda contarte eso. -Julieta, yo soñé con eso. Los adultos haciéndote la vida imposible. Ella se giró. -No... entonces no quiero que pienses más en mí. No quiero que sigas teniendo esos sueños. Tomé su hombro. -¿Tu alma está pidiendo ayuda? Ella se soltó y volvió con Ambar a su habitación. Me quede parado en ese pasillo oscuro. Julieta desconfiaba mucho de mi, aunque yo sea su maestro de karate y su vecino.
Vision Del Futuro
Volvi al supermercado del señor Heredia. El me miro como si fuera un soldado. -Gabriel, ¿cómo van las cosas con tu amiga? Respondí. -Un poco mal... ambos soñamos con el otro y por eso ella quiere alejarse. El señor casi escupe el agua que estaba tomando al escuchar eso. -¿Sueñan con el otro?, eso es bueno. ¿Es ese tipo de sueños? -No... nada sexual ni raro. Sueño con su pasado, pero ella no me conto. Es como si nuestras almas estuvieran conectadas. El señor Heredia pareció comprender. -Ya veo... retrocognición. Es un superpoder. ¿Significa que eres un superhéroe? -¿Como sabe tanto de eso? Vuelve a tomar un sorbo de su agua. -Veo muchas series de ficción. Había una película de un hombre que veía las tragedias que le pasarían a su amada y buscaba evitarlas. ¿Estas bromeando? -No... no bromeo. De verdad puedo verlo. El señor Heredia mira a su alrededor y luego me observa a mí. -Ya veo... Si eso solo pasa con ella debe ser una señal de que tienes que intervenir. Debes ser su héroe. Eso suena muy romántico. Levante un poco la voz. -Tengo un pasado terrible, señor Heredia. Yo no soy un héroe, por mi culpa alguien murió. Hice una pausa. -Yo no soy el que se queda con la chica. Fui un bravucon. Heredia rio. -Un superhéroe redimido. Eso es lo que más les gusta a las mujeres. No quieren un héroe perfecto. Eso es aburrido. Hizo una pausa mientras atendía a alguien mas. -No se si estas jugando conmigo o si es verdad, pero si estas siendo sincero, debes hacer lo correcto. Me miro fijo. -¿Conoces el pasado terrible de esa chica?, ayúdala y haz lo correcto. Demuestra que no eres el mismo monstruo del pasado. Quien diría que un militar retirado obsesionado con los superheroes me ayudaría. El saco uno de sus famosos sandwiches. -Los mejores sandwiches de Queens para ti, pero este va de parte de la casa. Lo tomé y me despedí. Volvi al edificio porque ese día no tenía clases. No lograba hacer otros amigos en la facultad. Era muy tímido. Solo una persona logra hacerme hablar. Julieta Jazmin Ayat. Era sábado, y ella estaba en el pasillo del piso cinco, sentada con las rodillas en el pecho. Me preocupe por ella. -¿Que sucedió? Contesto un poco deprimida. -Pague algo de la renta, pero sin ese dinero no puedo comprar mucho alimento. Asi que Ambar desayuna y yo no. Hizo una pausa. -Prefiero que ella coma. Eso es lo que hacen las buenas madres. Me agache al frente de ella y corte un pedazo de mi sandwich. -Necesitas energía para el resto del dia. Extendí mi mano. -¿Compartimos? Ella sonrió y agarró el pedazo de comida. -Gracias... Comimos sentados en el pasillo. Ambar salió al pasillo. -Mami, ya terminé de desayunar. Julieta se levantó. -Qué bueno, hoy me vas a acompañar a vender dulces. Tengo que estar todo el día afuera vendiendo para recuperar el dinero que perdí. Antes de que se vaya, la sostuve suavemente del brazo. Ella se giro para verme. Le contesté. -Julieta... sobre los sueños, no es necesario que escondas tu pasado. Hubo un silencio. -Además, puedes contarme lo que quieras y te ayudare, como buen vecino. Ella sonrió. -Se que eres bueno, tengo mucho para hablar con alguien, pero dame tiempo. Yo lo estoy procesando. Nos saludamos de la mano. El ambiente se sentía cálido. De repente, tuve una especie de vision. Yo me encontraba sangrando en el piso. No respiraba. Julieta era separada de Ambar a la fuerza por unas figuras misteriosas. Estaban sangrando por la nariz y la boca. Senti el grito como si fuera real. -¡Ambar! -¡Mami! Todo se volvió negro. Julieta bailaba con ropa provocativa mientras lloraba. Unos matones la amenazaban desde lejos mostrándole pistolas. La oscuridad consumió todo. De la nada, volví a la realidad. Fue como si el tiempo se hubiera pausado. Julieta se despidió y se fue con Ambar a trabajar. Me quede petrificado en ese pasillo. Solo sentí el sonido de la gata negra en el departamento de Julieta. Esa vision llego cuando tome su mano. No vi el pasado... Vi el futuro. Sin pensarlo, volví al local de ese psíquico llamado Patricio. Entre desesperado. El hombre estaba sentado contando dinero. Le hable en voz alta. -Señor, vi más cosas. Cosas graves. Patricio chasqueo los dedos. -Ochenta dólares. -Es urgente. -No doy consultas sin paga. No perdí tiempo, y le di ochenta dólares. El pregunto. -¿Que te trae de nuevo por aquí? Respondí. -Tuve una especie vision. Vi a la chica y a su hija siendo secuestradas. Yo estaba muerto. El sonrió. -Te explicare una cosa, muchacho. Hizo una pausa. -Algunas tradiciones consideran al alma como conciencia, energía o principio vital capaz de percibir más allá del tiempo físico. El alma es capaz de anticipar futuros posibles u otras realidades. Pregunté. -Entonces, ¿pude ver el futuro? -Tal vez, porque también puede ser un futuro posible si es que te mantienes cerca de esa chica. Por eso, tienes que estar alejado. La maldición y ese futuro pueden llegar. Hizo una pausa. -Hazte un favor a ti mismo y aléjate lo más posible. -Pero me resulta atractiva y quiero conocerla. Patricio respondió. -Yo solo soy un consultor. Si quieres mantener ese futuro y la maldición lo más lejos posible, aléjate de la chica y de su hija. Volvi al edificio pensando en eso. Solo me acosté en mi cama mientras escuchaba musica. No tenía ganas de hacer karate ese dia. A la noche estaba limpiando el lugar, hasta que vi a Julieta volver con Ambar dormida entre sus brazos. Avancé hasta ella. -Julieta... ¿cómo fueron las ventas? Ella sonrió. -Bien... conseguí para pagar el resto del alquiler y para comprar comida, pero estoy cansada. Llevo a la niña a dormir, y yo entre detrás de ella. Ella giro para verme. Fui el primero en hablar. -Oye... Julieta. Hice una pausa. Ella estaba intrigada por lo que iba a decir. Finalmente, pregunté. -¿Quieres salir conmigo a una heladería cuando estes libre?, también puede ser a una cafeteria, un restaurante o algo tranquilo. Ella levantó la cabeza y sonrió. -Me estuviste ayudando durante todos estos días, y también me enseñaste a defenderme a cambio de unos pasteles. Hizo una pausa larga mientras pensaba. -Acepto, pero tenemos que llevar a Ambar, no tengo a nadie que la cuide. -Genial, no te preocupes por ella. Ambos somos cómplices. Nos miramos un momento. Mencionó. -Eres un lindo... Repetí una frase en mi mente. No me alejare... Cambiare el destino.
Primera Cita
Paso un día y la tarde en ciudad de Nueva York era tranquila. Era la primera vez que Julieta y yo íbamos a salir. Estaba nervioso. No era fácil salir con una mujer. Eso era lo que mi padre decía. Ahora es más urgente, porque me gustaba Julieta y sabía que estaba en peligro. Se que debía priorizar su bienestar, pero todavía estaba algo escéptico pensando en la explicación de ese psíquico. Además, le había pagado a cambio de su explicación. Me arrepentí. No debí creerle. Estaba afuera de mi departamento, apoyado en la pared mientras veía la gran ciudad. Senti el sonido de una puerta abrirse. Julieta salió de su departamento con un vestido negro largo con mangas transparentes y unas botas góticas. Ella se acercó con una sonrisa y me preguntó. -¿Vamos a salir? Respondí. -Claro... te ves bien. Ambar llevaba una vestimenta larga y oscura. -¿A dónde vamos, mami? Ella le respondió. -Vamos a una cafeteria con el señor Gabriel. Bajamos el edificio y caminamos en dirección a la heladería más cercana. En el camino, ella me comento algo fuerte. -Los compañeros de Ambar la molestan en el jardín. Me sorprendí mucho. -¿Qué?, no puede ser, ¿qué clase de educación tuvieron? Julieta me interrumpio. -No es solo eso, Gabriel. Los padres de esos niños se piensan que yo... Hizo una pausa. -Se piensan que yo trabajo como prostituta. Me quede congelado por lo que dijo. Siguió hablando. -Solo soy una chica que vende alfajores en la calle desde los trece años para mantener a su hijita. Nunca me metí voluntariamente a eso. ¿Voluntariamente? Ella soltó solo una lagrima. -Se lo que estás pensando, y si, lo viste en tus sueños. Me obligaron a hacer ese tipo de cosas en mi infancia. Bajó la cabeza y se limpió sus ojos llorosos. -Lo siento... Hizo una pausa. -¿Tengo cara de ramera? Respondí. -Claro que no, eres una chica linda, bien vestida y trabajadora. Julieta se paró recta y siguió caminando a mi lado. Hablo con una voz más suave. -Esos padres dicen que yo parezco una ramera por mi vestimenta, y los niños escuchan eso. Luego van al jardín y repiten lo que sus padres dicen. Por eso Ambar tenía ataques de pánico cuando teníamos la puerta abierta. Ambar la miro. -No quería decírtelo, mami. No sabía que había gente que hacía esas cosas. Julieta le sonrió y luego volvió a mirarme. -Está en una guardería donde van los hijos de gente de clase media alta. La pude mandar ahi gracias a un programa especial. Yo escuchaba todo lo que decía. -No entiendo como hay gente que habla así de los demás. Julieta cambio de tema. -Mis propios padres, eran los que me obligaban a hacer esas cosas. No estoy lista para contar todo esto. Siento que me voy a desmayar. No volvimos a tocar el tema durante ese dia. Llegamos a la cafeteria más cercana. Julieta miraba los pasteles en el mostrador. -Yo hago mejores pasteles. Respondí. -Siempre es bueno probar otras cosas. Como es nuestra primera salida juntos, yo pagare todo. -¿En serio?, gracias. Nos sentamos en una de las mesas de afuera. Pedimos un pastel de fresa y un cafe cada uno. Ella lo disfrutó. Me ponía feliz verlas a ambas tan contentas. Ella rompió el silencio. -A veces te escucho. Las paredes son muy finas. Pregunté. -¿Que se siente ser mi vecina y escucharnos a través de las paredes? Responde. -Se siente raro. Es como si viviéramos juntos. No hay privacidad. Hizo una pausa para comer. -A veces pienso en buscar otro edificio, pero no me alcanza el dinero. Pienso en más preguntas. -¿Como van las ventas? -Últimamente me compran más dulces que antes. Sonreí. -¿Qué hay de tu gata, Aurora? Ella soltó una risa. -Siempre hace locuras con nosotras, y lo mejor es que no saca las garras. Es tierna y suave. Ambar menciona. -Aurora es mia. Julieta le acaricia la cabeza. -Obviamente es tuya, si la adopte de la calle por vos. Ella preguntó. -¿Como va medicina? Respondí. -Bien, anatomía es mi materia favorita. Asintió. Pregunté. -Me gusta la ropa que eliges cada dia. Yo no te veo como algo raro, si no como alguien muy elegante y trabajadora. Se puso firme. -Gracias, siempre me esfuerzo para verme lo mejor posible, incluso cuando tengo que salir a hacer algo simple. Hice la ultima pregunta. -¿Como te sientes entrenando conmigo? Respondió con mucha calma. -Como en casa... una verdadera casa. Me alegre mucho al escuchar eso. Una chica me estaba diciendo que se sentía en un verdadero hogar conmigo. Definitivamente, Julieta era el tipo de chica que me gustaría como una novia. Seguimos hablando hasta terminar nuestra comida. Yo pague todo. En el camino de regreso al edificio, Julieta empezaba a hacer bromas. Se reía junto a mí. Su mano rozaba la mia hasta que finalmente la agarró. Yo la miré y ella sonrió. Parecía una escena de película. Llegamos al edificio y subimos por el ascensor tomados de la mano. Nos detuvimos al frente de nuestros departamentos. Ella abrió la puerta del suyo. -Ambar, ve adentro un momento. Se acercó a mí y agarró mis dos manos con suavidad. -Me la pase genial en la cafeteria. Eres un chico muy bueno. Hizo una pausa. -Se que ambos tenemos un pasado, pero debemos superarlo para tener un mejor futuro juntos. Me sorprendí por lo último. -¿Un futuro juntos? Sin decir más nada, ella se acercó lentamente a mi mientras apretaba mis manos. Me dio un beso profundo. Mi corazón latía más fuerte, pero cerré los ojos y me dejé llevar. Nos separamos. Un hilo de saliva quedo colgando entre nuestros labios. Ella me dijo al oído. -Eres mi primer novio. Ahora vas a ser solo mío, Gabriel. Nos dimos un abrazo. Entendí en lo que estaba pensando Julieta. Al fin una relación sana. Ambar lo presencio todo. -¿El señor Gabriel va a ser mi nuevo papá? Julieta se puso colorada. -¡Ambar! Conteste. -No hay problema, Julieta. Yo también quiero ser tu pareja. Nos quedamos mirando. -¿Quieres pasar a comer mas tarde? Respondi. -Me encantaría. Ahora voy a estudiar pero nos vemos luego a la hora de la cena. Dijimos. -Nos vemos, Juli. -Nos vemos, Gabi.
Fantasmas Del Pasado
En la mañana del siguiente día, me cruce hasta el supermercado del señor Heredia. El creador de los mejores sandwiches de Nueva York y mi concejero personal. Entre a su negocio rápidamente. Él sonrió al verme. -¿Como va tu chica? Mire confundido. -¿Mi chica?, ¿usted sabe que ya somos pareja? -¿Son pareja?, te felicito, Gabi. Me tomó de la mano para felicitarme. -Yo sabía que esa chica era para ti. Asentí y decidí cambiar de tema. -Escuche que usted mismo hace los mejores sandwiches de Queens. El respondió negando con el dedo. -No... es un secreto, pero tu novia Julieta los hace a cambio de que le pague algo de dinero para la renta. -¿En serio? -Y así de bien me fue... los mejores sandwiches de Queens. Tal vez ella no lo menciona para mantener alejada a la gente de su pasado. Los sandwiches del señor Heredia son una sensación para turistas. Sería lógico que, si Julieta quiere mantenerse lejos de su pasado no trabaje en algo que le de mucha fama. Podrían encontrarla... En el camino de regreso pensé en la vision que tuve. Yo estaba muerto y Julieta estaba siendo separada de Ambar por unos matones. Era como verlo en tercera persona, como si fuera una pesadilla. Llegué al edificio y pasé al frente del departamento de Julieta. Iba a tocar la puerta. Me agarré la cabeza y las imágenes vinieron a mí. Estaba en una especie de discoteca perversa donde todos se manoseaban. Parecía una red de explotación. Me disparaban en el pecho al frente de todos, pero no le tomaron mucha importancia, como si fuera algo que sucede todos los dias. Julieta estaba con un uniforme provocativo de sirvienta y con lencería negra. Era una víctima. Abrazó a su hija, pero las separaron unos hombres con traje. Dijieron cosas horribles sobre Ambar. -Va a terminar como la madre. Todo se volvió de color negro. Volvi a la realidad en poco tiempo. Julieta abrió la puerta con una sonrisa, y salto a abrazarme. -Gracias por estar para mí... Le devolví el abrazo. Mencionó. -Soñé con que te perseguía ese chico que molestabas. Fue perturbador. Respondí. -Hoy soñé con tu pasado y tus gritos. ¿Hoy me lo vas a contar todo? -Todo... Nos separamos y nos agarramos de la mano. Ambar salió y me abrazo. -Hola, papá. Ella me decía así con cariño, pero no me molestaba. A la noche, ella salió conmigo a un restaurante. Julieta usaba un top negro, una falda del mismo tono, unas botas góticas hasta sus rodillas y mangas transparentes. Ambar usaba una ropa urbana negra, con una campera rosa. Yo usaba mi ropa casual, blanca y negra. No tenía mi ropa formal. La había dejado en casa de mis padres. Pedimos una mesa al costado y pedimos una pizza. Ella sonreía. Era divina y etérea. -Adivina... Conseguí trabajo como cocinera en la cafeteria a la que fuimos en nuestra primera cita. -Te felicito, de verdad. Eres excelente cocinando todo. Pregunte. -¿Como te imaginas en diez años?, yo me imagino siendo doctor, con una dulce esposa, una linda hija, un perro, y luego en un pueblo pequeño. Ella siguió lo que estaba diciendo. -Yo quiero lo mismo, un pueblo pequeño donde nadie nos conozca. Estábamos muy ilusionados. Senti que todo iba demasiado rápido. Solo íbamos dos días siendo novios. Julieta tomó una rebanada de pizza y empezó a comer. -¿Te gustaría que antes de eso rentemos un departamento juntos? Respondí. -Claro, uno más grande. Pregunté. -¿Qué tipo de vida quieres darle a Ambar? -Quiero que sea mejor que yo y lo está siendo. Te comenté que tiene el habito de leer y estudiar. Ambar respondió mientras comía. -Tengo cinco años y se sumar y restar. Julieta le sonríe. -Va adelantando lo que va a ver en la primaria. Con el nuevo trabajo voy a poder mandarla a una buena escuela primaria. Cuando terminamos de comer, la vi fijo. -Creo que es hora de hablar del pasado... Julieta se puso seria y asintió. Vio unas máquinas de juegos. Le dio una moneda para que la insertara en el videojuego. -Ambar, ve a jugar por el lugar. Nosotros tenemos que hablar. La niña corrió al costado y empezó a caminar por el restaurante, viendo las máquinas de juegos. Quedamos a solas. Primero preguntó. -Me dijiste que el pasado no importa. Contesté. -No importa, a menos que hayas sido un monstruo. Julieta empezó a hablar. -Antes de mis trece añitos, yo vivía con mi abuela, ya que mis padres vivían viajando. No sabía para que, pero ellos iban a todas partes. Segui escuchando detenidamente. Sonrió al recordar a su abuelita. -Ella me enseñó a cocinar de todo desde los cinco añitos, lo mismo que estoy haciendo con Ambar. Hizo una pausa. -Lastimosamente, mis padres llegaron para llevarme. Querían que viviera con ellos. Era una mentira, descubrí que ellos se dedicaban a la explotación de mala manera. Yo fui una víctima. Las lágrimas empezaron a correr por su rostro. Pregunté. -Exprésate hasta donde puedas. Ella continuo mientras intentaba limpiar sus lágrimas. -Habían unos clientes habituales, te puedo decir sus nombres y sus profesiones. Paulo Benetti, un fisicoculturista, Tadeo Martinez, un tatuador, el me hizo estos tatuajes horribles para experimentar. Hizo una pausa. -El más peligroso de todos, Angel Brown, un senador estadounidense. Mis verdugos eran tres. Pregunte manteniendo la calma, escondiendo mi miedo. -¿Por qué no los denunciaste a la policía? -¿Crees que alguien como Angel Brown cae denunciándolo a la policía?, borran evidencia, sobornan, amenazan y manipulan los medios. -Julieta... eso no puede quedar así. Debe de haber más niñas sufriendo eso. Hice una pausa. -¿Como escapaste? Respondió. -Paulo me ahorco tan fuerte que me termino matando. -¿Te termino matando? -Si, parece que mi corazón dejo de latir. Me tiraron a un descampado afuera de Washington como si fuera basura. Después de eso, mi corazón volvió a latir como si dios me diera una segunda oportunidad. Agarró una servilleta para limpiarse el rostro. -Superé a la muerte y llegué hasta Nueva York pidiendo un aventón. Dije que no tenía padres y era huérfana para que no buscaran a mis progenitores. ¿Me crees después de todo lo sobrenatural que estamos viviendo? Confese. -Te creo, Julieta... Hice una pausa. -Yo tengo visiones donde te veo siendo separada de Ambar mientras me disparan. Se levanto de golpe, llamando la atención de las demás personas. -No puede ser... ¿¡ellos van a encontrarme!? La agarré de los hombros y me acerqué. -Julieta, tranquila. No voy a dejar que nada te pase. -Es que no lo entiendes, Brown es el mal y la manipulación hecha carne. No sé si debamos seguir con esto, es muy peligroso para ti. Llévame al departamento. Pague la cuenta con una transferencia. Julieta se giró. -Ambar, hay que irnos. La pequeña corrió y tomó la mano de su madre. Volvimos al edificio y subimos por el ascensor. Pregunté. -¿Seguimos juntos? Ella bajo la cabeza. -No podría separarme de ti. Estoy muy ilusionada y enamorada de ti. Ambar me abrazo. -Yo quiero a mi papá. Julieta sonrio. -No podría soltarte... perdón si pensaste que nos íbamos a separar, le haces bien a Ambar. -No te preocupes... Ella pregunto. -¿Estaras ahi para protegernos si ellos vuelven a buscarme -Los voy a hacer pedazos. Fuimos hasta nuestras habitaciones y nos despedimos. No pude dormir pensando en la historia devastadora de Julieta. De la nada, escuche un grito venir del departamento de ellas. -¡Ambar, escóndete en el armario! Pense que habían venido a buscarla. Fui y usé una llave que Julieta me había dado en caso de emergencias para entrar a su habitación. Entré y lo que vi fue terrorífico. Un fantasma hecho de humo negro volaba alrededor de ella. Julieta intentaba golpearlo con un bate, pero él era intocable. Cuando se acercó a mí, vi la imagen de Angel Brown formarse a través del humo. Luego se convirtió en Tadeo, en Paulo, en sus padres, y luego volvió a ser Brown. Julieta gritó. -¡Estaba teniendo pesadillas con esa gente, y al final apareció esa cosa! El humo negro me levanto con facilidad y me lanzo contra el techo. Antes de que caiga, me volvió a tomar de la pierna y me lanzo contra la mesa, rompiéndola. Mi cabeza choco contra la cocina. Grité. -¡Julieta, debes enfrentar tu miedo! El ser me volvió a tomar de la pierna e iba a tirarme por el barandal del pasillo. Julieta se arrincono y puso su mente en blanco. El fantasma la miro y grito su nombre. -¡Julieta! Ella no le prestó atención. El espíritu menciono su apodo. -Mi ardillita. Julieta no le presto atención, y dejo su miedo atrás. Me estaba por tirar por el barandal, pero quede colgado del borde. El fantasma le gritó en la cara, pero ella siguió sin prestarle atención. El fantasma desapareció al frente de ella. Julieta abrió los ojos y me intentando subir. -¡Gabriel! Tomó mi mano y me ayudo a subir al pasillo. Nos abrazamos. Pregunte mientras suspiraba. -¿Que fue eso? Ella respondió. -La culpa... -No fue tu culpa, fuiste una víctima. Preguntó. -¿Por qué las victimas siempre tenemos la culpa? Suspire. No tenía una respuesta. Ambar salió del armario. -Mamá, papá, están bien. Nos abrazó. Los vecinos salieron al escuchar los gritos. Nos vieron a los tres abrazados. No podíamos decir que un fantasma llego. Asi que dijimos que fue un ladrón que escapo trepando.
Promesa
Julieta y yo nos quedamos abrazados en la misma cama, mientras Ambar dormía en otra. No hacíamos nada raro, solo estábamos abrazados. Vigilábamos que el otro no tenga pesadillas. Julieta preguntó. -¿Crees que existe un multiverso? Hizo una pausa. -Tal vez exista un mundo donde yo no pude escapar y donde no tuve a mi hija. ¿Qué pasa si en este mundo voy a volver a ese lugar y ella termina como yo? Le bese la frente, aunque no pudiera responder. -Solo céntrate en la actualidad y en el futuro que quieres tener... Preguntó. -¿Por qué no me mori ese día? Respondí. -No era tu hora. Tal vez tu destino era estar conmigo. -El destino... es un superpoder hermoso. Nos quedamos dormidos juntos. Tuvimos un sueño extraño y Julieta estaba ahi. Estábamos en un espacio negro y oscuro, lleno de puertas. Miré a mi alrededor confundido. Pregunté. -¿En dónde estamos? Escuche los gritos de Julieta venir de cada una de las puertas. Ella dijo con la cabeza baja. -Mi muerte y mi tortura. Hizo una pausa para suspirar. -¿Quieres ver? Camino a una de las puertas. Tenía un cartel con la fecha del dieciséis de abril del año dos mil veinticinco, hace cinco años. Dudo un momento, pero al final abrió la puerta. Se vio a si misma llorando en un baño público. Tenía ropa de vagabunda y la panza inflada. Tenía unas tijeras en la mano. -¡No quiero tener a esta bebe!... Levanto las tijeras en dirección a su estómago, lista para acabar con todo. Juli y yo nos quedamos mirando. La pequeña Julieta soltó las tijeras. -No puedo... no puedo... Julieta cierra la puerta y volvemos al espacio oscuro. -En ese tiempo no quería tener a Ambar, pero se volvió lo único que tengo después de un tiempo y le agarre mucho cariño. Hizo una pausa. -Te mentí en algo. Yo no termine la secundaria. Quiero que Ambar tenga la vida que yo no tuve. Por eso solté las tijeras. Mencioné. -Te entiendo... Julieta, debes intentar acusar a los que te hicieron daño. -¿Estás loco?, ¿crees que otras chicas no lo intentaron? -Es la unica forma de vencerlos. En mi vision ellos son demasiados y tienen armas de fuego. Necesitamos ayuda de todo el pueblo estadounidense. Hay jueces y fiscales buenos. Julieta sintió más gritos detrás de otras puertas. -No lo sé... -Julieta, Puede ser tu mejor oportunidad para hacerlos pagar. Ella volteó y se frustró. -¿Y luego que pasa?, ¿Le dan una pena minima y sale en unos años? -No escapara, te lo prometo. Todo se volvió negro. Nos despertamos juntos. La mire a los ojos. -Julieta, esta puede ser tu oportunidad para meterlo a la carcel. Ella responde. -Está bien... hablare y denunciare. Si sucede algo malo, te odiare por el resto de mi vida. -Es un trato justo... Use mi celular como camara. Ella se sentó al frente de la cama. Pregunté. -¿Quieres que Ambar salga de la habitación mientras grabas esto para internet? Menciona. -No... ella tiene que escucharlo. Tiene que sabers de dónde vengo. No perdí tiempo y empecé a grabar. Julieta hablo. ... -Hola... soy Julieta Jazmin Ayat, tengo dieciocho años, no termine el colegio secundario y soy mamá de una niña de cinco años. Hoy vengo a contar algo que llevo años callando por miedo a morir o a que mi hija pase por lo mismo que yo pase. Hizo una pausa y sonrió al recordar a alguien. -Desde los cinco años viví con mi abuela. Ella me enseñó a cocinar. Me enseñó a hacer alfajores, galletas, todo lo que ahora vendo para sobrevivir. Mi abuela era lo único bueno que tenía. Mis padres casi nunca estaban. Decían que viajaban por trabajo. Yo creía que era verdad. Recordó ese momento desgarrador. -Cuando tenía casi trece años, volvieron. Dijeron que me llevaban a vivir con ellos, que por fin íbamos a ser una familia. Fue una mentira. Ellos no trabajaban en nada legal. Formaban parte de una red de explotación. Me entregaron a unos hombres. Me usaron. Me vendieron. Recordó a esos hombres. -Puedo nombrar a tres culpables, Paulo Benetti, un fisicoculturista, Tadeo Martinez, un tatuador que me dejo estas marcas en el cuerpo, y Angel Brown, un senador de nuestro país que maneja la red de explotación. Recordó cuando la tiraron como basura. -Me hicieron cosas que ninguna niña debería vivir. Me trataron como si no fuera una persona. Me obligaron a sonreír, a callar, a obedecer. Cuando intenté resistirme, Paulo me agarró del cuello con tanta fuerza que mi corazón se detuvo. Me tiraron a un descampado afuera de Washington como si fuera basura. Pensaron que estaba muerta. Logre volver a la vida gracias a dios. Recordó el momento en el que tomo las tijeras y empezó a llorar. -Me volvi una vahabunda huerfana y cuando supe que estaba embarazada, tuve un momento de debilidad. Estuve a punto de hacer algo terrible. Tenía tijeras en la mano. Estaba rota. Pero no pude. Solté las tijeras. Decidí quedarme con ella. Ámbar se convirtió en lo único que me mantenía viva. Miro a la camara. -Hoy estoy grabando esto porque ya no quiero callar. Porque hay más niñas. Porque hay padres que entregan a sus propias hijas. Porque hay políticos, hombres ricos, gente con poder que se creen intocables. Porque hay abuelos, tíos, vecinos, “amigos de la familia” que son monstruos con cara de gente decente. No hay que callar más. Corte la grabación. -Perfecto, se va directo a las redes. Se de una que viraliza videos en unos segundos. El video de Julieta se subió a las tres de la mañana. Yo lo subí. Mis manos temblaban mientras tocaba “publicar”. A las seis ya tenía más de doscientas mil visualizaciones. A las nueve, un millón. A mediodía los noticieros nacionales lo estaban mostrando una y otra vez. El nombre de Angel Brown aparecía en todas partes. Paulo Benetti. Tadeo Martínez. La gente empezó a buscar. En menos de un día, tres mujeres más salieron a hablar. Una había estado en la misma casa de Washington. Otra reconoció los tatuajes de Tadeo. Otra recordaba la voz de Paulo. La fiscalía federal no pudo mirar para otro lado. Abríeron la investigación el mismo día. El testimonio de Julieta era demasiado preciso: fechas, lugares, nombres, el descampado afuera de Washington, el paro cardíaco. No era una historia inventada. Era una pista. Buscaron en los hospitales de Virginia y Maryland. Encontraron el registro de una “Jane Doe” de trece o catorce años, sin documentos, sin familia, con marcas de estrangulamiento y un paro cardíaco. La habían dado de alta días después y nadie la reclamó. La descripción coincidía. La fecha coincidía. El lugar coincidía. Esa huérfana que nadie buscó era ella. Después vinieron los tatuajes. Requisaron el estudio de Tadeo Martínez. En sus archivos internos había fotos de sesiones con menores. Julieta estaba en varias. Algunas tenían fecha. Algunas tenían su nombre real escrito a mano atrás. Paulo fue más fácil. Tenía antecedentes y un patrón de pagos en efectivo a cuentas fantasma. Cuando lo detuvieron, en su departamento encontraron una caja con collares rotos. Uno tenía restos de sangre del mismo grupo que el de Julieta. Angel Brown fue el más complicado. Un senador no cae de un día para el otro. Pero el video ya era imposible de borrar. La presión fue brutal. Aparecieron transferencias a empresas pantalla. Mensajes borrados que un perito recuperó. Y lo peor: una de las nuevas testigos tenía un audio donde se escuchaba la voz de Brown hablando de “la ardillita” y de cómo había que deshacerse de ella si se complicaba. Esa frase lo terminó de hundir. Los padres de Julieta también cayeron. Vivían con nombres falsos en otro estado. Intentaron escapar. Los agarraron cerca de la frontera con México. En su casa había documentos, fotos viejas de ella y registros de pagos que los vinculaban directo con la red. En menos de tres semanas, los tres hombres y los dos padres estaban bajo arresto federal. Paulo y Tadeo sin fianza. Brown pidió fianza y el juez se la negó. Los padres de Julieta tampoco salieron. El caso se convirtió en uno de los más grandes de trata con un funcionario electo en años. Otras víctimas empezaron a aparecer. Algunas llevaban décadas calladas. El testimonio de Julieta fue la primera piedra. El resto se armó solo. Yo no salí a celebrar. Me quedé en el departamento, sentado en el borde de la cama, mientras Julieta abrazaba a Ámbar y yo leía las noticias en voz baja. Por primera vez, los monstruos tenían nombre, cara y número de causa. Y ya no podían alcanzarla. Todos fueron arrestados con la pena más alta... Julieta solo me abrazo, me beso y me agradeció. -Gracias, amor... Luego de un mes. Volvi al supermercado del señor Heredia. El me miro orgulloso. -¿Como va mi superhéroe superheroes? Me saludo de la mano. -Salvaste muchas vidas con ese video. Agradecí. -Hoy nos vamos a mudar junto a Julieta y Ambar a un departamento mas grande en Brooklin. -¿En serio? Respondí. -Si, ella consiguió un trabajo en una gran y prestigiosa cafeteria, así que podemos pagarlo. -Los felicito. Se los va a extrañar aquí en Queens. Compré rápidamente y me despedí del hombre. Llegamos con Julieta al nuevo departamento. Paredes completamente blancas y relucientes. Mencioné. -Se ve bien, y cuando me reciba de medico vamos a hacernos una linda casa. Ella sonríe. -Definitivamente... Ambar interrumpe y empieza a correr por el lugar. -¡Este sitio tiene mucho espacio! Julieta sonrió al verla así, y luego me miro. -¿Alguna vez pensaste en ser padre? Contesté. -Algún día tenía que serlo. Ambar y yo somos cómplices. Me agarro de las manos. -Imaginate nuestro futuro juntos, en una casa en un pequeño pueblo. Yo tendría mi cafeteria y tu serias un gran cirujano. Nos besamos, sellando esa promesa. Cambie el destino... Fin. Full Shadow Love