Alquilar un apartamento o casa a desconocidos no tiene porque salir mal... pero en ocasiones, la experiencia va mas allá de cualquier cosa que hubieras imaginado
[Foro de experiencias paranormales]
Hilo: Alquilé un Airbnb y algo ahí dentro no quería que me fuera
🔹 ShadowTraveler No suelo escribir en foros, pero siento que necesito contar lo que me pasó hace un par de meses. A lo mejor alguien tiene una explicación lógica para esto, pero honestamente, no estoy seguro de querer una. Esto pasó hace un par de meses. Necesitaba un descanso urgente, así que decidí tomarme un par de días lejos de todo. Mi novia no podía acompañarme porque tenía compromisos de trabajo, así que lo haría solo. Pensé que sería una buena idea para despejar la cabeza, dormir bien y simplemente disfrutar del silencio. Busqué en Airbnb una casa que estuviera en un lugar tranquilo, sin demasiado movimiento, pero con lo necesario para estar cómodo. Después de un rato encontré una cabaña en las afueras de un pequeño pueblo. Las fotos mostraban un lugar acogedor: decoración rústica, ventanales enormes con vista a un bosque, una chimenea en la sala y un porche con una mecedora. Perfecto. Lo único que me hizo dudar fue un comentario en las reseñas. La mayoría eran positivas, hablaban de lo hermosa que era la cabaña, pero hubo uno en particular que decía: “Lugar increíble, pero hubo algo raro… como si la casa no quisiera que me fuera. No sé cómo explicarlo. Aún así, fue una buena estancia.” Lo ignoré. Pensé que era alguna forma de hablar o que simplemente la persona se había sentido demasiado cómoda como para querer irse. Reservé tres noches y, al día siguiente, tomé mi auto y fuí hasta allá. La casa estaba a unos cuarenta minutos del pueblo más cercano, en una carretera rodeada de árboles. Al llegar, el anfitrión ya me estaba esperando. Era un hombre de unos cincuenta y tantos, de cabello entrecano y mirada serena. Me recibió con un apretón de manos y me hizo un recorrido rápido por la cabaña. Me dijo que tendría todo lo que necesitaría para mi estancia... leña para la chimenea, agua caliente.. y wifi, pero que a veces fallaba... No me importaba mucho el internet, de hecho, parte del plan era desconectarme un poco. Pero hubo otra cosa que si me dejo un poco desconcertado... mencionó que si en algún momento de la noche, despertaba y sentía que algo no iba bien... que simplemente lo ignorase... Aquel tipo era un poco raro... Así que tampoco le hice mucho caso. Me despedí de él y me quedé solo. Las primeras horas fueron perfectas. Puse música, me serví un trago y me senté en la mecedora del porche a ver el atardecer. Cuando cayó la noche, encendí la chimenea y me acomodé en el sofá con una manta. Era el descanso que necesitaba. Recuerdo que leí un poco hasta que mis ojos comenzaron a cansarse. Todo era idílico hasta que decidí irme a dormir. Fui al baño a lavarme los dientes y, al levantar la mirada, vi algo en el espejo. No era una sombra ni una figura, sino más bien… un ligero desenfoque en el reflejo, como cuando el calor distorsiona la imagen en el asfalto. Parpadeé y desapareció. Sacudí la cabeza, tratando de no darle importancia. “El cansancio me está jugando una mala pasada”, pensé. Me acosté y, en menos de diez minutos ya estaba dormido. No sé cuánto tiempo pasó hasta que algo me despertó. Y que me despertó??? El silencio... Un silencio absoluto, tan pesado que me hizo darme cuenta de lo acostumbrado que estoy al ruido de fondo: el viento, el tráfico, la gente... Pero en ese momento, no se escuchaba absolutamente nada. Abrí los ojos. La habitación estaba igual que cuando apagué la luz. Todo en orden. Pero algo no estaba bien. No sabría explicarlo... Fue entonces cuando lo sentí. Una presión en el aire, como si algo invisible estuviera parado justo al lado de mi cama. No lo veía, no lo oía, pero sabía que estaba ahí. Mi corazón empezó a latir más rápido. Tragué saliva y giré lentamente la cabeza hacia la puerta. Estaba abierta. Yo estaba seguro de que la había cerrado antes de acostarme. Un escalofrío me recorrió la espalda. Me senté en la cama, tratando de escuchar algo, cualquier cosa, pero el silencio era absoluto. No se oía ni siquiera mi respiración. Me levanté con cuidado, sentí el frío del piso en los pies descalzos y caminé hacia la puerta. Miré el pasillo. Oscuro. Vacío. Intenté calmarme convenciéndome de que probablemente había sido yo el que había dejado la puerta abierta... Caminé hasta la cocina para tomar un vaso de agua y, al encender la luz, vi algo que me heló la sangre. La mecedora del porche se estaba moviendo. No parecía haber viento. No había nadie fuera. Esta solo se balanceaba, lentamente, como si alguien acabara de levantarse de ella. Me quedé paralizado. Cada célula de mi cuerpo me gritaba que saliera corriendo de ahí, pero me obligué a pensar racionalmente. “Probablemente el viento… O algún pequeño temblor…” Tomé el vaso de agua con manos temblorosas y me obligué a respirar hondo. Iba a regresar a la habitación y a dormir. Lo necesitaba. Pero justo cuando me di la vuelta, me pareció escuchar algo. Un susurro o eso parecía. No puedo asegurar que fue, pero en aquel momento entendí: "Quédate…" Solté el vaso. Este se estrelló contra el suelo. Salí corriendo hacia la habitación y cerré la puerta con seguro. Me metí bajo las sábanas, con el corazón golpeando contra mi pecho. No dormí el resto de la noche. Y lo peor es que, cuando amaneció, encontré la puerta de la cabaña abierta. No tenía ninguna intención de quedarme otra noche, pero algo dentro de mí… no me dejó irme. Desperté con la sensación de no haber dormido en absoluto. Mi cuerpo pesaba, como si me hubiera pasado la noche entera caminando en sueños. Me senté en la cama y miré alrededor. Todo estaba igual… o casi. La puerta de la habitación estaba cerrada. Anoche la dejé abierta. ¿O no? No quise pensarlo demasiado. A lo mejor la había cerrado sin darme cuenta en medio de la noche. Pasé una mano por mi cara, tratando de despejarme, y busqué mi teléfono para ver la hora. Muerto. Recordaba perfectamente haberlo dejado cargando antes de dormir. Fui hasta la cocina a ver si era un problema del enchufe, pero el reloj del microondas marcaba la hora sin problemas. Era temprano, apenas las 7:00 a.m., y la casa estaba en un silencio absoluto. No se oía ni el viento entre los árboles. Necesitaba salir a tomar aire. Fui a la puerta de entrada y giré la perilla pero ni se movió. Giré la perilla de nuevo. Nada. Intenté con más fuerza. Estaba como atorada. Agarré la llave que el anfitrión me había dado y traté de abrir, pero el cerrojo ni siquiera giraba. Como si algo estuviera bloqueándolo por dentro. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. No quería admitirlo, pero la idea empezó a instalarse en mi cabeza: la casa no me dejaba salir. Me alejé de la puerta, tratando de calmarme. Respiré hondo. Tenía que haber otra explicación. A lo mejor la madera se había hinchado con la humedad y había trabado la puerta. Decidí revisar las ventanas. Al acercarme a una de ellas, noté algo raro en el reflejo del vidrio. Mi propio reflejo estaba… borroso. Como si hubiera una interferencia en la imagen. Pero me pareció ver algo mas... Era como una sombra detrás de mí. Un bulto oscuro, alto, con los brazos extrañamente largos y una cabeza inclinada en un ángulo antinatural. Mi cuerpo se congeló. Por el rabillo del ojo, vi algo moverse detrás de mí. Me giré de golpe. Nada, allí no había ni nada ni nadie, solo el pasillo vacío. Tragué saliva. Algo estaba muy, muy mal con esta casa. Y yo tenía que salir de ahí. Decidí hacer mis maletas y salir inmediatamente de aquel lugar... Tenía todo preparado cuando en la sala principal tropecé con algo. Miré hacia abajo. La alfombra estaba mal colocada, como si alguien la hubiera movido y luego intentado ponerla en su lugar con prisa. Un mal presentimiento se instaló en mi estómago. Me agaché y tiré de la alfombra. Debajo, había una trampilla de madera con un cerrojo viejo y oxidado. Me quedé inmóvil por unos segundos, sintiendo mi propio pulso latiéndome en los oídos. No quería abrirla. Cada célula de mi cuerpo me decía que no la abriera, pero mi mano ya estaba en el cerrojo. Lo forcé un poco y, con un chirrido largo y oxidado, la trampilla cedió. Olía falta allí dentro... no a podrido.. si no a cerrado... Tomé una linterna de mi maleta y bajé por la escalera de madera. Lo primero que vi fue el suelo de piedra. Luego, las paredes cubiertas de marcas. Cuando la luz de la linterna iluminó el fondo de la habitación, me quedé sin aliento. No era un sótano normal. Había una especie de altar improvisado en el suelo cubierto de manchas marrones y secas. Había velas derretidas por todas partes, figuras talladas en la madera, símbolos que no entendía. Image1.jpg Pero lo peor fue el libro. Un viejo cuaderno de cuero, con páginas amarillentas y notas escritas a mano que estaba tirado cerca de la entrada. Lo tomé con manos temblorosas y pasé las páginas. “El sacrificio no se trata solo de sangre. Se trata de voluntad.” “Si la víctima se entrega por decisión propia, su alma quedará atada para siempre.” “La casa debe alimentarse. La casa los llama. La casa los retiene.” Mi respiración se volvió errática. El anfitrión… El anfitrión estaba usando la casa para atrapar a la gente. Y yo había caído directo en su trampa. El aire se volvió más espeso. La temperatura descendió. Y entonces lo escuché. Un susurro detrás de mí. Un sonido gutural, grave, de algo que no era humano. —Qué-da-te… El pánico explotó en mi pecho. Me giré de golpe y vi… sombras. Figuras negras moviéndose en las paredes, estirándose como si quisieran alcanzarme. El altar empezó a temblar. Las velas se encendieron solas. Algo venía por mí. Corrí. Subí la escalera a toda velocidad, sentí que algo me rozó el tobillo, pero no me detuve. Llegué a la sala. La cabaña había cambiado. El pasillo era más largo. La puerta principal no estaba donde debía. La casa estaba tratando de retenerme. Me lancé hacia la cocina, intentando encontrar otra salida, pero escuché pasos pesados detrás de mí. Me volví por instinto. Y ahí estaba. El anfitrión. Parado en medio de la sala, con las manos cruzadas detrás de la espalda. Sonreía. Pero sus ojos… sus ojos no eran normales. Eran oscuros, sin pupilas, sin blanco, sin nada. —Ya la escuchaste —dijo con voz tranquila—. La casa quiere que te quedes. No lo pensé. Me lancé hacia la puerta. Esta vez se abrió. Corrí. Llegué al auto, metí la llave con manos temblorosas y arranqué. Al mirar por el retrovisor, lo vi por última vez. El anfitrión, parado en el porche, sonriendo. Y la casa, esperando. — Han pasado semanas desde aquella noche. No he vuelto a hablar con nadie sobre esto. Intento convencerme de que todo fue una alucinación. Pero hay algo peor. Cada día siento más ganas de regresar. No quiero. Sé que si lo hago, no voy a salir nunca más. Pero la casa me llama. La casa me quiere de vuelta. Y cada día es más difícil resistirme.
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Hilo: Alquilé un Airbnb y algo ahí dentro no quería que me fuera
ShadowTraveler desapareció del hilo. Nunca mas volvió a escribir. El hilo del foro se cerró tras tiempo de inactividad. Lo curioso del caso es que tras esto... algunos usuarios que estuvieron en esta conversación comnezarón a asegurar que algo les llamaba... que veian en sus sueños una casa... y que cada día que pasaba, sentían mas necesidad de buscarla...