Esta es la primera historia de novela deductiva!. Se ha cometido un crimen y deberás resolverlo analizando los testimonios y las pruebas!
El caso
El caso La noche del 17 de noviembre se desató la peor tormenta que la campiña había visto en décadas. La mansión Holloway, orgullosa y vetusta, se erguía entre relámpagos como un coloso herido, resistiendo el embate del viento. Dentro, una celebración privada reunía a tres personas que, bajo el titilar de las lámparas de araña, brindaban sin alegría. Lucía Holloway, la última heredera del linaje, lucía impecable en su vestido de terciopelo negro. Sus ojos, sin embargo, mostraban una mezcla de temor y hastío. Junto a ella estaba el Sr. Gómez, un empresario de sonrisa falsa y modales estudiadamente elegantes, y un poco más alejado, siempre en la sombra, el mayordomo Edgar, cuyas arrugas profundas ocultaban secretos no confesados. La fiesta era una pantomima. Había tensiones viejas y heridas abiertas; todos lo sabían, pero nadie lo decía en voz alta. La lluvia azotaba las ventanas como si el propio cielo quisiera colarse en la reunión, cuando, cerca de la medianoche, un sonido desgarrador cortó la música de fondo: un disparo seco que resonó en todas las estancias, congelando la sangre de los presentes. Lucía soltó su copa de cristal, que se hizo añicos sobre la alfombra persa. Con voz temblorosa, miró alrededor y balbuceó: —No he salido del salón en toda la noche… os lo juro… no he salido ni un segundo… Gómez corrió hacia la puerta mientras Edgar, más calmado pero con el ceño fruncido, recogía un candelabro antes de seguirle. La mansión, con sus interminables pasillos y habitaciones frías, parecía aún más opresiva bajo el fragor de la tormenta. Finalmente llegaron a la biblioteca. Allí, bajo la vitrina que guardaba la colección de armas antiguas, yacía el cuerpo sin vida de uno de los invitados: el Sr. Portman, un socio comercial que había llegado esa misma tarde. Lo primero que llamó la atención fue el cuchillo ceremonial de la familia Holloway, tirado a un lado del cuerpo, su hoja manchada de sangre. Gómez se inclinó sobre el cadáver, murmurando algo sobre llamar a la policía, aunque sabían que con esa tormenta no habría comunicación posible hasta la mañana siguiente. Mientras Lucía se acurrucaba en un sofá, incapaz de apartar la mirada de la escena, Edgar se desplazaba silenciosamente por la sala. Un destello en sus manos llamó la atención de Gómez: fragmentos de cuerda, finos y deshilachados, pegados a sus dedos huesudos. —¿Qué es eso, Edgar? —preguntó Gómez con el ceño fruncido. —La vieja cuerda de las cortinas… parece que se ha roto mientras ajustaba las ventanas —contestó el mayordomo, con su tono monocorde de siempre, pero limpiándose las manos con un pañuelo demasiado rápido. Minutos más tarde, cuando se animaron a revisar el cuerpo más de cerca, Edgar, siempre meticuloso, tomó la iniciativa y sugirió cubrirlo hasta que llegaran las autoridades. Fue entonces cuando notaron algo peculiar: aunque el cuchillo estaba ensangrentado, no había heridas de arma blanca. Al descubrir la garganta de Portman, todos palidecieron al ver las marcas profundas de estrangulamiento. —Esto no cuadra —murmuró Lucía—. ¿Entonces qué fue ese disparo? Gómez se giró hacia un rincón y recogió la pistola de colección, caída entre unos libros. A simple vista, tenía un cartucho disparado. Edgar, asintiendo lentamente, señaló un agujero en la pared cercana. —Un disparo fallido —dictaminó—. Quizá alguien intentó matar primero con la pistola y, al fallar, recurrió a otro método… Horas después, cuando la tormenta amainó un poco, Edgar fue a buscar mantas al sótano. Gómez, inquieto, le siguió minutos después y descubrió algo desconcertante: un rastro de barro húmedo que serpenteaba desde el sótano hasta la biblioteca, marcando un camino sutil pero visible. Lo siguió lentamente, su corazón latiendo con fuerza. ¿Habían arrastrado el cuerpo hasta la biblioteca después del crimen? Regresó al salón con el rostro pálido. —El cuerpo… no murió aquí —murmuró—. Lo arrastraron desde el sótano. Hay huellas por todo el pasillo. Lucía lo miró aterrorizada. —Pero Edgar dijo que estaba revisando las bodegas… solo… —Y nadie lo vio en todo ese tiempo —remató Gómez, cruzando los brazos. El silencio se hizo más pesado que nunca en la mansión Holloway. La tormenta había cesado, pero el verdadero peligro aún caminaba entre ellos, oculto bajo la máscara impecable de un mayordomo leal. Pero esta vez, la historia no termina aquí. Ahora es tu turno de convertirte en el detective. Las piezas están sobre la mesa: un crimen, tres sospechosos, tres posibles armas y tres escenarios donde la muerte pudo haberse desatado. Entre las sombras y las pistas sutiles se esconde la verdad. 🕵️ Tu misión: Analiza cada detalle, conecta las pruebas y usa tu ingenio para desvelar el misterio. ¿Quién cometió el asesinato? ¿Con qué arma? ¿Y en qué lugar exacto ocurrió realmente? Haz tus deducciones con cuidado… el destino de la justicia está en tus manos.
Lee atentamente la historia y apunta las pistas antes de continuar...
Desenlace
La verdad, finalmente, salió a la luz. Edgar, el mayordomo, bajó la cabeza mientras los primeros rayos del amanecer se colaban tímidamente por los ventanales de la mansión. Ya no había excusas posibles: las fibras de cuerda en sus manos, la ausencia de coartada y el rastro de barro desde el sótano eran pruebas demasiado contundentes. —Siempre serví a esta familia… —murmuró Edgar con una voz rota— pero había secretos que no podían perdonarse. Lucía, pálida y temblorosa, desvió la mirada mientras los agentes de policía, recién llegados tras la tormenta, se llevaban al asesino esposado. El eco de los pasos desapareció lentamente, dejando en la mansión un silencio aún más profundo que la noche anterior. Has reconstruido el rompecabezas pieza a pieza, y gracias a tu perspicacia, la justicia encontró su camino. 🕵️♂️ ¡Caso resuelto! ¡Felicidades, detective! Y, sin embargo, mientras la policía se alejaba, Lucía levantó la vista y, por un instante fugaz, en sus ojos se dibujó una sombra que nadie más percibió…