Diario de una geóloga enviada a reabrir el pozo mas profundo jamás excavado
SEMANA 1
Irina: 3 de noviembre. Llegada a Zapolyarny, Murmansk Oblast.
Irina: El helicóptero nos dejó a 12 km del sitio. De aquí en adelante, solo hay caminos de tierra soviéticos medio devorados por la tundra.
Irina: Temperatura: -14°C. Viento constante del Ártico. Visibilidad aceptable.
Irina: El equipo: seis geólogos, cuatro ingenieros de perforación, dos técnicos de sensores, un médico. Trece en total.
Irina: Me asignaron como jefa de equipo geológico. Primera mujer en dirigir un proyecto de perforación profunda en Rusia.
Irina: El sitio es exactamente como en las fotos: una explanada de hormigón agrietado, edificios industriales abandonados, la torre de perforación original oxidándose contra el cielo gris.
Irina: Y en el centro de todo, la tapa.
Irina: Una placa de acero soldada al suelo. Doce pernos del tamaño de mi puño. Debajo: 12.262 metros de vacío vertical.
Irina: El pozo más profundo jamás excavado por el ser humano.
...
Irina: 4 de noviembre. Primer día de instalación.
Irina: Los contenedores modulares llegaron ayer. Laboratorio, dormitorios, comedor, sala de comunicaciones.
Irina: Volkov, el ingeniero jefe, revisó la estructura de la tapa. Dice que las soldaduras son excesivas.
Irina: "No sellaron esto para mantener la lluvia fuera, Irina Sergeyevna", me dijo.
Irina: Le respondí que los soviéticos eran excesivos en todo. Es lo único que sé hacer: racionalizar.
Irina: Pero tiene razón. Esa tapa parece diseñada para contener, no para proteger.
Irina: 5 de noviembre. Calibramos los sensores.
Irina: Sismógrafos, termómetros de profundidad, acelerómetros, micrófonos geológicos de alta sensibilidad.
Irina: Equipo de última generación. Cortesía de GeoDeep Corp., nuestro patrocinador noruego.
Irina: El objetivo oficial: reabrir SG-3 y extender la perforación hasta 15 km. Récord mundial.
Irina: El objetivo real: muestras del manto superior. Datos que valdrían miles de millones para la industria minera.
Irina: Aleksei, mi segundo al mando, encontró algo curioso en el edificio administrativo abandonado.
Irina: Carpetas. Cientos. Tiradas por el suelo, mojadas, medio podridas.
Irina: Pero un armario metálico estaba cerrado con candado. Intacto.