Una joven se muda a una casa antigua y descubre que no está sola
Ana: Hola Sofía, ¿cómo va la mudanza?
Sofía: Hola Ana, va bien, pero esta casa es... rara. Escucho ruidos todo el tiempo.
Ana: ¿Ruidos? ¿Qué tipo de ruidos?
Sofía: Pasos en el pasillo, susurros... A veces siento que alguien me observa.
Ana: Eso suena espeluznante. ¿Has investigado la historia de la casa?
Sofía: No, pero encontré algo extraño en el sótano. Un diario viejo.
Ana: ¿Un diario? ¿De quién es?
Sofía: De una chica que vivió aquí hace 50 años. Habla de algo que la atormentaba... Algo que nunca la dejó ir.
Ana: Eso es escalofriante. ¿Qué más dice?
Sofía: Habla de una presencia que la seguía, que le hablaba... Dice que al final, se rindió.
Ana: ¿Se rindió? ¿Qué quieres decir?
Sofía: No lo sé, pero desde que leí eso, los ruidos han empeorado. Ahora escucho su nombre... Sofía...
Ana: ¿Te está llamando? ¡Eso es aterrador! ¿Has pensado en irte de ahí?
Sofía: No puedo. Siento que algo me está atrayendo, como si necesitara descubrir la verdad.
Ana: Ten cuidado, Sofía. No sabes con qué podrías estar tratando.
Sofía: Lo sé, pero tengo que hacerlo. He encontrado algo más... Una foto de la chica del diario. Se parece mucho a mí.
Ana: ¿Qué? Eso es imposible. ¿Qué está pasando, Sofía?
Sofía: No lo sé, pero siento que estoy conectada a ella. Como si... fuera yo en otra vida.
Ana: Eso es demasiado extraño. Deberías salir de ahí ahora mismo.
Sofía: No puedo. Algo me lo impide. Además, he encontrado una puerta en el sótano que no había visto antes.
Ana: ¿Una puerta? ¿Adónde lleva?
Sofía: No lo sé, pero está cerrada con llave. Y escucho algo al otro lado... Susurros.
Ana: Sofía, por favor, no abras esa puerta. Podría ser peligroso.
Sofía: Es demasiado tarde. Ya la he abierto.
Ana: ¿Qué hay ahí?