Un dendista loco ahora anda suerto...
La venta
En una clínica dental de la ciudad de Frerex trabajaba un odontólogo. Él hacía su trabajo como todos los días. Era conocido y respetado por la calidad de su labor. Pero escondía un oscuro secreto: cuando nadie lo veía, y tenía la oportunidad estando con los pacientes, le gustaba observar los dientes sanos. Cuando los anestesiaba para supuestamente arreglarles la boca, en realidad los dormía y les quitaba las muelas más sanas e incluso, si podía, la lengua. Él estaba involucrado en el mercado negro y vendía esas partes a muy buen precio. A los pacientes a los que extraía algo, los dormía con un sedante mortal que no dejaba huellas. El odontólogo era muy listo y astuto, ya que tenía todo planeado. En su consulta había una puerta secreta que conducía a un pasadizo, y al final de este se encontraba una habitación que usaba por las noches para descuartizar de manera metódica y limpia. Desmembraba brazos y piernas y los vendía; tenía un gran negocio dentro del mercado negro. Sabía elegir bien a sus víctimas: escogía a las personas que acudían solas o que vivían sin compañía, porque las investigaba previamente. Luego, con el resto del cuerpo, las incineraba. Así estuvo actuando durante varios años. Aunque las noticias hablaban de desapariciones misteriosas, nadie sospechaba de él. Un policía llevaba tiempo investigando los casos y descubrió algo en común que lo llevó a la clínica del odontólogo. Empezó a vigilarlo y notó que los pacientes que entraban solos a última hora nunca salían. Entonces prepararon una trampa: el policía se hizo pasar por cliente. Cuando estaba en la consulta, observó de manera discreta y vio, a través del reflejo de un armario medio abierto, que el odontólogo preparaba una jeringuilla distinta, la que usaba para dormir a sus víctimas. Cuando el odontólogo se disponía a pincharle la anestesia, el policía aprovechó un descuido, le sujetó la mano, le apuntó con su pistola y en ese momento entraron los demás agentes, logrando detenerlo. La policía quedó en shock al descubrir la habitación secreta y ver los restos humanos: cráneos, huesos y fragmentos de cuerpos. El odontólogo fue sentenciado a morir en la silla eléctrica, pero justo cuando estaban a punto de ejecutarlo, comenzó a reírse de manera exagerada. De repente, se fue la luz en toda la sala, y cuando volvió… el odontólogo había desaparecido. Actualmente sigue prófugo, sin paradero conocido. Posiblemente haya cambiado de aspecto.