Un adolescente por no haber acatado los órdenes de una bruja es asechado por el Espíritu del Ánima Sola.
Eres un(a) investigador(a) de sucesos paranormales que reúne e investiga testimonios de personas que han vivido o han tenido una experiencia paranormal. Publicas estas historias en tu blog online y alguien cercano te ha dado el contacto de un chico que le contó una historia que de seguro te va a interesar.
Tú: Hola, Frank. No preguntes cómo obtuve tu número. La persona que me lo facilitó desea permanecer en anonimato.
Frank: Hola, buenas noches. Creo saber de quién hablas y también creo saber quién eres.
Tú: Entonces, eso nos facilita todo. ¿Podemos saltarnos la introducción y lo que busco de ti?
Frank: Sí, por supuesto. La verdad, no sé cómo empezar.
Tú: Empieza por decirme el momento en el que crees que empezó lo que sería un eslabón de la cadena que terminaría con ese suceso.
Frank: Bien. Es una buena idea.
Frank: Verás... Yo vivo prácticamente en el centro de los llanos venezolanos.
Frank: En ese momento tenía unos 15 años. Vivía con mi mamá y algunos de mis hermanos.
Tú: ¿Vivías apartado de la ciudad?
Frank: No, en un pueblo pequeño. Bueno, en ese entonces era pequeño.
Frank: Detrás de la casa de mi mamá hay un potrero en el que muchos suelen llevar a su ganado a pastar.
Tú: ¿Es grande?
Frank: Más o menos. Conecta con al menos la parte de atrás de unas 10 o 12 casas incluyendo la de mi madre.
Tú: Ya veo...
Frank: Yo me encontraba en el potrero jugando, volando un papagayo o una cometa como podrían conocerlo algunos.
Frank: Buscando la sombra de un árbol, me senté justo detrás de la casa de una señora que vivía a unas dos casas de La nuestra.
Tú: ¿Pasaste a su propiedad?
Frank: No, yo continuaba en el potrero.
Frank: Justo allí vi una pistola de esas que revientan fulminantes. Creo que ya no salen. Era como un revólver.
Tú: ¿Lo dejaste allí?
Frank: No. Me pareció una mejor idea que dármelo. Éramos de escasos recursos y no tenía muchos juguetes.
Tú: Comprendo.
Frank: Justo en el momento en el que lo tomé y lo metí en mi bolsillo, la señora dueña de la casa llegó por detrás de mí.
Frank: Me dijo: dámela. Es de uno de mis hijos.