Johan, un hombre tranquilo y solitario, conoce a Yotsuba, una chica alegre y persistente. A través de la paciencia y pequeños gestos, ella le demuestra que no tiene que estar solo.
encuentro inesperado
La tarde era tranquila. El viento movía las hojas de los árboles del parque mientras la gente caminaba sin prisa. Algunos niños jugaban cerca de una fuente y el canto de los pájaros rompía el silencio. Sentado en un banco, con un libro entre las manos, estaba Johan. Su expresión era tan seria como siempre. Leía en silencio, sin prestar atención a las personas que pasaban frente a él. A unos metros de distancia, Yotsuba Nakano corría de un lado a otro. —¡Perdón! ¡Ya voy! —gritó mientras perseguía una pelota que un niño había lanzado demasiado lejos. La pelota rebotó varias veces... hasta golpear suavemente el pie de Johan. Él levantó la vista lentamente. Yotsuba llegó corriendo, algo agitada. —¡Lo siento muchísimo! ¿Estás bien? Johan tomó la pelota del suelo y se la entregó sin decir una palabra. —Gracias... —respondió Yotsuba con una gran sonrisa. Esperó unos segundos, creyendo que él diría algo más. Pero no ocurrió. —Eres muy callado... —comentó riendo—. Yo soy Yotsuba. Johan permaneció en silencio unos instantes. —Johan. Solo dijo eso. Yotsuba sonrió aún más. —¡Mucho gusto, Johan! Él simplemente volvió a abrir su libro. La mayoría de las personas se habría ido después de un momento tan incómodo. Pero Yotsuba no. Se sentó en el otro extremo del banco. —¿Qué estás leyendo? Silencio. —¿Te gustan los parques? Silencio otra vez. —Bueno... no hablas mucho, ¿verdad? Johan cerró el libro lentamente. —No me gusta hablar sin motivo. Yotsuba soltó una pequeña risa. —Entonces encontraré un motivo. Aquella respuesta sorprendió a Johan. No lo demostró en su rostro, pero era la primera vez que alguien respondía de esa manera. Los minutos pasaron. Hablaron un poco más. En realidad, hablaba casi siempre Yotsuba. Ella contaba anécdotas, hablaba de sus hermanas, de las cosas que le gustaban y de cómo siempre terminaba metiéndose en situaciones graciosas. Johan solo respondía con frases cortas. Sin embargo... No se levantó para irse. Cuando el sol comenzó a ocultarse, Yotsuba se puso de pie. —Creo que ya debo volver. Johan asintió. Ella dio unos pasos, pero luego se dio vuelta. —¿Vendrás mañana? Él guardó silencio unos segundos. —Tal vez. Yotsuba sonrió con la misma alegría de siempre. —¡Entonces te esperaré! Se despidió agitando la mano y salió corriendo. Johan la observó alejarse. Por primera vez en mucho tiempo... Sintió curiosidad por volver al mismo parque al día siguiente.
la promesa
Capítulo 2: Una promesa inesperada A la tarde siguiente, el parque estaba tan tranquilo como el día anterior. Yotsuba llegó unos minutos antes de la hora habitual. —¿Y si no viene...? —pensó mientras miraba el camino principal. Esperó cinco minutos. Diez. Quince. Justo cuando estaba por rendirse, vio una figura caminando lentamente. Era Johan. Con las manos en los bolsillos y la misma expresión tranquila de siempre. Yotsuba levantó los brazos con entusiasmo. —¡Sabía que vendrías! Johan se acercó. —Dije "tal vez". —¡Pero viniste! Por primera vez, Johan dejó escapar una sonrisa casi imperceptible. Yotsuba la notó. —¡Sonreíste! Él volvió a ponerse serio. —Lo imaginaste. —¡No! ¡Lo vi! Johan negó con la cabeza mientras seguía caminando. Los dos comenzaron a recorrer el parque. Yotsuba hablaba de cualquier cosa. De las flores. De los perros que pasaban. De los niños jugando. Incluso saludaba a desconocidos. Johan simplemente escuchaba. Después de unos minutos llegaron a una pequeña cafetería. Yotsuba miró el cartel. —¿Entramos? —No traje mucho dinero. —¡Invito yo! —No hace falta. —¡Insisto! Finalmente Johan aceptó. Se sentaron junto a la ventana. Yotsuba pidió un jugo y una porción de pastel. Johan solo un café. —¿Siempre eres tan serio? —preguntó ella. Johan observó la taza unos segundos. —Siempre. —Debe ser muy cansador. Él no respondió. Yotsuba sonrió con dulzura. —Entonces yo sonreiré por los dos. Aquellas palabras hicieron que Johan levantara la mirada. No estaba acostumbrado a personas como ella. Cuando terminaron de comer, caminaron nuevamente por el parque. El sol comenzaba a ocultarse. Antes de despedirse, Yotsuba extendió su dedo meñique. —Prometamos algo. Johan la miró confundido. —¿Qué cosa? —Volvamos a encontrarnos aquí. Aunque sea una vez por semana. Johan permaneció en silencio. Después levantó lentamente su mano y entrelazó su dedo con el de ella. —De acuerdo. Yotsuba sonrió con una felicidad imposible de ocultar. —¡Es una promesa! Por primera vez en mucho tiempo, Johan sintió que tenía un lugar al que realmente quería volver.
un dia diferente
Habían pasado varias semanas desde aquella promesa. Ya era costumbre que Johan y Yotsuba se encontraran en el mismo parque cada tarde. Aunque Johan seguía siendo reservado, poco a poco comenzaba a hablar más. No eran largas conversaciones, pero Yotsuba notaba que cada día él se sentía un poco más cómodo. Aquella tarde el cielo estaba completamente despejado. Los dos caminaban por un sendero rodeado de árboles. —¿Sabes? —dijo Yotsuba mientras caminaba con las manos detrás de la espalda—. Antes pensaba que eras alguien muy aterrador. Johan la miró de reojo. —¿Y ahora? —Ahora creo que solo eres una persona muy solitaria. Él no respondió. No porque estuviera molesto. Sino porque, en el fondo, sabía que ella tenía razón. Llegaron hasta un pequeño puente de madera. Desde allí podía verse un lago iluminado por la luz del atardecer. El viento era suave y todo estaba en silencio. —Gracias por venir todos estos días —dijo Yotsuba con una sonrisa. —No tienes que agradecer. —Claro que sí. Johan observó el lago unos segundos. —No estoy acostumbrado a que alguien quiera pasar tiempo conmigo. Yotsuba bajó un poco la mirada. —Entonces me alegra ser la primera. Él permaneció en silencio. Por primera vez en mucho tiempo, no sentía la necesidad de marcharse. Mientras Johan seguía contemplando el paisaje, Yotsuba sonrió con una idea. Se acercó despacio. Sin hacer ruido. Y, de repente... Lo abrazó suavemente desde atrás. Johan abrió un poco los ojos, sorprendido. No esperaba aquel gesto. Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil. —¿Qué haces...? —preguntó con calma. —Nada especial. Solo quería darte un abrazo. Johan no intentó apartarse. Sintió el calor de aquel gesto sincero. Era una sensación completamente nueva para él. Después de unos instantes, Yotsuba lo soltó y dio un pequeño paso hacia atrás. —Perdón... ¿Te incomodé? Johan negó lentamente con la cabeza. —No. Fue... agradable. Yotsuba sonrió con una alegría imposible de ocultar. —¡Entonces tendré que darte más abrazos! Johan dejó escapar una pequeña sonrisa. Una sonrisa auténtica. Quizás la primera que Yotsuba veía con claridad. Ella se quedó unos segundos observándolo. —Ahora sí sonreíste. Esta vez Johan no lo negó. —Supongo que sí. Ambos comenzaron a reír. El sol desaparecía lentamente en el horizonte mientras el parque se llenaba de los colores del atardecer. Sin darse cuenta, aquel sencillo abrazo había cambiado algo entre ellos. Ya no eran solo dos personas que se encontraban por casualidad. Ahora existía un vínculo que ambos comenzaban a valorar.
un lugar especial
Capítulo 4: Un lugar especial La primavera comenzaba a llenar el parque de colores. Las flores habían florecido, los árboles estaban cubiertos de hojas verdes y el aire era agradable. Como cada semana, Johan llegó primero. Se sentó en el banco donde todo había comenzado. Miró su reloj. Faltaban pocos minutos. De pronto escuchó una voz conocida. —¡Johan! Yotsuba corría hacia él agitando una mano con entusiasmo. —Perdón por llegar tarde. —Solo fueron dos minutos. —¡Entonces llegué casi a tiempo! Johan dejó escapar una pequeña sonrisa. Era un gesto tan natural que ni siquiera se dio cuenta de que lo había hecho. Yotsuba lo observó. —Cada vez sonríes más. —¿En serio? —Sí. Y me gusta verte así. Johan bajó un poco la mirada. No sabía cómo responder a un cumplido. Los dos comenzaron a caminar entre los senderos del parque. Hablaron de cosas simples. De la escuela de Yotsuba. De los libros que Johan estaba leyendo. De los perros que jugaban cerca del lago. Era una conversación tranquila, pero para ambos significaba mucho. Después de un rato llegaron al puente donde había ocurrido el abrazo. Yotsuba apoyó los brazos sobre la baranda de madera. —¿Sabes? Este lugar se volvió especial para mí. Johan observó el lago. —Para mí también. Ella sonrió. —Antes venía sola. Ahora siempre espero que llegue este día. Johan permaneció unos segundos en silencio. —Yo también. Aquellas dos palabras bastaron para que Yotsuba entendiera cuánto había cambiado. Más tarde, mientras caminaban por el parque, encontraron a una niña pequeña que lloraba. —¿Qué sucede? —preguntó Yotsuba agachándose a su altura. —No encuentro a mi mamá... Yotsuba tomó con cuidado la mano de la niña para tranquilizarla. Johan miró alrededor con atención. Después de unos minutos vio a una mujer buscando desesperadamente. —Está allí. La madre corrió hacia ellos y abrazó a su hija. —¡Muchas gracias! Yotsuba sonrió. —No fue nada. La mujer se marchó con la niña, todavía agradecida. Mientras seguían caminando, Yotsuba miró a Johan. —Aunque no hables mucho... Siempre ayudas cuando alguien lo necesita. Johan respondió con calma. —Es lo correcto. Yotsuba sonrió con ternura. —Eres mucho más amable de lo que quieres admitir. Johan no contestó. Pero aquella vez no negó sus palabras. Cuando el sol comenzó a esconderse, regresaron al banco donde se habían conocido. Ambos se sentaron en silencio. Ya no era un silencio incómodo. Era un silencio lleno de tranquilidad. Yotsuba miró el cielo anaranjado. —¿Crees que dentro de muchos años seguiremos viniendo aquí? Johan observó el mismo paisaje. Después de unos segundos respondió con serenidad. —Si tú quieres... Yo vendré. Yotsuba sonrió con una felicidad que no podía ocultar. Sabía que aquellas palabras significaban mucho más de lo que Johan era capaz de expresar. Mientras el atardecer cubría el parque, ambos comprendieron que aquel lugar ya no era solo un punto de encuentro. Era el lugar donde una amistad había comenzado a convertirse en algo mucho más profundo.