Iria llevaba tres años sin dormir bien. La app Lúa prometía sueños compartidos con un compañero verificado. Le tocó alguien que llevaba toda la vida tejiéndolos
App Lúa — chat interno, jueves 04:48
Compañero: Iria. Soy tu compañero verificado de la app Lúa. He sido emparejado contigo esta noche por compatibilidad de patrón cerebral en fase REM.
Compañero: Puedo escribirte por aquí solo cuando los dos estamos despiertos. Acabas de despertar. Yo también.
Compañero: Si quieres bloquear el chat ahora y no volver a verme, pulsa el icono de luna llena. Si quieres que te cuente cómo funciona, dilo y empiezo.
Iria: Hola. He despertado a las cuatro y dieciocho con la respiración cambiada y sin recordar el sueño.
Iria: Llevo tres años sin recordar un solo sueño desde la pandemia. La app me dice que esta noche he dormido cinco horas y veintidós minutos seguidas, lo que no me pasaba desde marzo del veintiuno.
Iria: ¿Eres tú el causante o es la melatonina que tomé a las once?
Compañero: Soy parte. La melatonina te dura noventa minutos. Las otras tres horas y cincuenta y dos minutos las has dormido conmigo.
Compañero: Lo que pasa es que la primera noche el cerebro filtra todo y por eso no recuerdas el sueño.
Compañero: A partir de la cuarta noche empezarás a recordar fragmentos.
Compañero: Si quieres seguir, mañana lunes vuelves a configurar emparejamiento conmigo. Si no quieres, eliges aleatorio o cancelas la suscripción.
Iria: Una pregunta directa. ¿Qué hacemos durante esas cuatro horas dormidos?
Compañero: Iria. Lo que hacemos esta primera semana es construir una sala.
Compañero: Una sala mental compartida donde tu cerebro y el mío negocian cómo se va a ver el espacio.
Compañero: La sala que estoy construyendo contigo desde anoche se parece a un piso de una sola habitación con una ventana grande hacia un parque.
Compañero: Lo elijo yo el primer día porque es la sala que necesita la mayor parte de las personas que llegan con insomnio crónico.
Iria: Eso suena demasiado bonito para ser real.
Compañero: Es real y por eso la app cuesta veintinueve euros al mes en lugar de los nueve que cuestan las otras.
Compañero: La diferencia somos los compañeros verificados como yo. Pero no soy IA. Soy una persona física.
Compañero: Vivo en Roma. Soy oncólogo en el Policlínico Umberto I. Llevo tejiendo sueños desde que era niño, lo descubrí a los siete años cuando le quité una pesadilla a mi hermana sin saber cómo.
Compañero: Mi nombre real lo sabrás en cuatro semanas si mantenemos el emparejamiento.
Iria: Vale. Sigo.
Día 5, viernes 06:14
Iria: Compañero. Acabo de despertar. He recordado el sueño completo por primera vez en tres años.
Iria: La sala con la ventana al parque. El sofá gris que me has dicho que es construcción tuya.