Buscando que esa luz nunca se apague.
Capítulo 1
El aire huele a humedad. Tengo mucho frío. —¿Qué es este lugar?— Me duele todo el cuerpo. Una mujer llora en la cama. Intento levantarme y mis huesos sueltan un crujido espantoso mientras el dolor me recorre cada rincón de mi ser. Me quedo tendido en el suelo, queriendo llorar y gritar, pero mi voz no sale y mis ojos no tienen lágrimas. —¿Quién soy?— Siento el dolor atravesando cada parte de mi cuerpo antes de desvanecerse por completo. Al levantarme, observo mi pequeño cuerpo. No tengo ninguna marca. Ninguna cicatriz. Pero mi ropa tiene manchas rojas; me queda grande, está sucia y es demasiado ligera. Observo a mi alrededor. Hay algunas cajas en una esquina y una mesa con manchas de suciedad y comida de hace mucho. El suelo está helado. Al voltear, veo a la mujer llorando en lo que es una cama improvisada con frazadas. Me acerco con pasos temblorosos. Tropiezo varias veces, como si mi cuerpo nunca hubiera caminado antes. Al llegar a la cama, la mujer me mira. Su vestido blanco se volvió gris, con manchas de suciedad y de color rojo, como la mía. Su cuerpo está lleno de moretones y cortes. Me abraza con fuerza mientras llora aún más fuerte. —Perdón, perdón, es mi culpa, lo siento mucho—. Repite una y otra vez mientras me rodea. Se siente cálido. La abrazo también y, lentamente, me quedo dormido. ... Escucho pasos. Mi corazón se acelera. Abro los ojos. La mujer está en una esquina, temblando. La puerta se abre de golpe y un hombre apestando a alcohol entra. Al verme en la cama, se acerca. No me puedo mover. Mi respiración se acelera. Antes de entender qué está pasando, siento dolor en mi cara. Los golpes caen uno por uno. Tengo miedo. Escucho algo sobre un sótano y perder una apuesta. Es una tortura. Siento todo mi cuerpo balanceándose por los golpes. La mujer grita que deje en paz a su hijo, pero el hombre la aparta de un golpe. —Es un juguete para que suelte mi amargura—. Es lo único que escucho antes de perder la conciencia por el dolor. ... —¿Quién soy?— No siento tristeza. No suelto ninguna lágrima. No siento resentimiento. Me siento solo. —¿Qué soy?— ... El ciclo se repetía. Otro día con ese monstruo. Otro día de tortura. Mis heridas desaparecían cuando despertaba, pero mi madre siempre tenía nuevas marcas. Ella me empezó a enseñar a escribir cuando el monstruo no estaba. Me da el pedazo más grande de esa cosa seca que sabe mal. Después de todo, se volvió mi todo, y estar con ella es mi labor. Después de la primera vez, sentí que los golpes no dolían tanto, y lentamente dejaron de sentirse. Para que a mi madre no la lastimen, tengo que aguantar más tiempo. Quizás así tenga un nombre. ... Un gato apareció un día. Es bonito y su pelo, aunque algo grasiento, se siente bien. Al parecer, bajó por un cuadrado cerca de unas cajas. —¿Qué hay ahí afuera?— —¿Debería salir?— Subo lentamente. Se siente algo estrecho, pero al salir... el aire se siente diferente. Tiene un olor agradable y hay muchas luces. Hay más personas ahí afuera. Yo... Vuelvo a entrar, agarro la rejilla y tapo la salida. Estar con mi todo es mi labor. ... Al volver, mi madre está aterrada. Tiembla mientras camina de lado a lado. Al verme se acerca corriendo y me grita. —¡¿Dónde estabas?! ¡¿Saliste?!—. Alza la mano y mi cuerpo tiembla y se encoge. Al ver eso, ella se detiene, comienza a temblar y rompe a llorar. Me abraza entre sollozos. —Perdón, no quería lastimarte, tranquilo—. Se siente cálido cuando ella me rodea con sus brazos. También la abrazo mientras cierro los ojos. El vientre de mi madre fue creciendo desde que desperté ese día, aunque come poco y a veces el monstruo la golpea. Ahora tiene menos manchas moradas. Nos quedamos en silencio un tiempo. Abro la boca y finalmente logro decir algo. —¿Cuál es mi nombre?—. Al escucharme, ella comienza a llorar más fuerte. No puede hablar por los sollozos. La abrazo más fuerte y permanezco en silencio. ... Ese día el monstruo no llegó. Me quedé dormido junto a mi madre. Sin embargo, parte de la noche se sintió fría. En la mañana, la puerta se abrió de golpe. Esta vez el monstruo entró con un palo y me empezó a golpear. Duele mucho. Escucho a mi madre intentando hablar con él, sin embargo, él le da un codazo que la tira al suelo. El dolor me nubla la vista. El monstruo se va. Escucho a mi madre gritar de dolor, llorar. Pero él ya no está. —¿Qué pasa?— No sé, pero... por alguna razón siento que vivir no me gusta. ... Al abrir los ojos y levantarme sin ninguna herida, veo a mi madre jadeando. Tiene a una persona de la mitad de mi tamaño envuelta en tela en sus brazos. Su respiración es agitada, difícil. Hay manchas rojas en el piso. Me acerco lentamente. —¿Mamá?— Ella me mira y veo en sus ojos un destello gris oscuro. Me sonríe, pero de alguna forma siento que quiere llorar. —Hijo, cuídala mucho. Prométeme que la cuidarás. Sé que ya no podré estar contigo, voy a morir—. Parpadeo un par de veces. —¿Madre no quiere estar conmigo?— Siento una presión en el pecho. —No, sí quiero estar contigo, pero también quiero descansar. Cuando muera nadie me hará daño y no haré daño a nadie. Sin embargo, nunca debes morir cuando quieras. Mira, ella es tu hermana, es una luz pura. Quiero que sea feliz y que no la lastimen. Sé que esto es cruel para ti, pero quiero que la cuides—. Observo a la bebé recién nacida. Es mucho más pequeña de lo que creía; la tela que la envuelve la hace parecer casi del doble de su tamaño. —Si mamá me dice que cuide, yo prometo a mamá cuidar... Mamá, ¿de dónde salió esta? ¿Y dónde está tu panza llena?... ¿Mamá?— Ella ya no responde. Me acerco un poco más y le agarro la mano; todavía se siente cálida, aunque su brazo está lleno de cicatrices. Me envuelvo en sus brazos, sin embargo, se siente diferente. Se siente frío. Ya no siento su aliento en mi cabeza, ni la presión de sus manos en mi espalda. La pequeña comienza a llorar. Me levanto y la agarro. Es ligera. La pongo sobre una silla y voy a la caja de comida. No sé si ella puede comer esa cosa seca y dura, pero sabe mejor que lo que sabe desagradable. Agarro el cuchillo que mi madre usaba para cortar la cosa dura. El monstruo lo usaba para dejar marcas rojas a mi madre. Escucho la puerta abrirse de golpe. El hombre camina con un olor muy fuerte a alcohol. Al ver a mi madre en el suelo, la patea y escupe. Estoy temblando en mi lugar, sin moverme. Él se gira hacia la pequeña, que comienza a llorar. El monstruo se acerca y levanta su mano. ... Proteger. Evitar que reciba daño. Que sea feliz. Si uno muere, ya no puede hacer daño a nadie... ¿Verdad? De pronto, el mundo pierde su color. Mis ojos se vuelven turbios, como si un remolino negro y blanco girara dentro de mis pupilas, borrando el miedo y dejando solo una claridad fría y pesada. No soy yo quien corre, es un instinto antiguo y afilado. Mis pies apenas tocan el suelo helado. Sujeto el mango de madera del cuchillo con ambas manos. Siento el peso del metal, la vibración de mi propio corazón latiendo en mis dedos. Corro con todas mis fuerzas. El tiempo parece detenerse mientras el brazo del monstruo sigue en el aire, a punto de golpear la luz pura que mi madre me encargó. Salto. Levanto el cuchillo y, con un grito sordo que se queda atrapado en mi garganta, se lo clavo en la espalda. Siento cómo el metal atraviesa la ropa sucia, la piel endurecida y se hunde en algo sólido que cruje bajo el impacto. El monstruo suelta un alarido animal y cae al suelo con un ruido seco. Creo que no puede mover sus piernas. Me grita palabras que no entiendo y se arrastra usando solo las manos, dejando un rastro oscuro tras de sí. Se lo clavé lo más alto que pude y apenas llegué a su espalda; el centro de la espalda, creo que se llamaba espina dorsal, mamá creo que lo dijo alguna vez. El monstruo quiere hacer daño, pero ahora es él quien está sintiendo mucho dolor. Retrocedo lentamente mientras él intenta alcanzarme, pero sus dedos solo arañan el suelo. No sé en qué momento dejó de moverse. Hay mucho rojo en el suelo. Me acerco a la pequeña. —Ya no hay comida— Digo, aunque creo que no me entiende.
Capítulo 2
En poco tiempo muchas personas entraron. Al ver al monstruo también se asustaron, aunque no tienen manchas rojas ni moradas. ¿Son como yo? No creo, ni siquiera saben quién es el monstruo. Bueno, yo tampoco sé. Me llevaron a mí y a esta a un lugar raro, había muchas camas que están flotando sobre el suelo y muchos como yo, aunque todos eran diferentes. Me dijeron que eran huérfanos. Llevaron a esta a algún lado, le metieron algo en la boca con un agua blanca, es un biberón raro. No le hacen daño, así que creo que está bien. Me dieron un cuaderno, mi madre lo usaba para enseñarme a escribir. Ellos dijeron que en el orfanato estaríamos hasta que seamos independientes. No sé qué significa, pero me dijeron que recuerde que tengo 6 años, la verdad no sé qué tiene de importante. El cuaderno que me dieron tiene escrito "Diario", está marcado por la mitad, donde está el abecedario y algunas palabras que mamá me enseñó. Hay más palabras al inicio. Es muy largo. Me pregunto de qué trata. ... —Hoy finalmente me casé con Víctor, estoy tan feliz. Él es bastante bueno, tiene un trabajo donde le pagan bien, es amable, compró una casa para nosotros. Estoy muy feliz. ... Últimamente estoy discutiendo mucho con Víctor, es que me trata como si fuera su criada. Aliz, haz esto, Aliz, limpia esto... Sé que él trabaja y paga todo, pero yo también quiero descansar. ... Él empezó a apostar, ganó y me compró un vestido blanco muy bonito, aunque tengo un mal presentimiento, no quiero que se meta en las apuestas. ... Él siguió apostando y perdió muchas veces, apenas tenemos para comer, además empezó a beber cuando pierde. Llegó una notificación de su trabajo diciendo que su rendimiento está cayendo. ... Él... él me pegó, creo que lo despidieron, está muy tomado, creo que necesita tiempo. La próxima semana voy a la casa de mis padres, no hablo mucho con ellos, pero Víctor necesita tiempo. ... Duele mucho, cuando intenté irme, él me golpeó y me encerró en el sótano, me quitó mi teléfono, ahora solo tengo el vestido que me regaló. Mi brazo se está poniendo morado. Debería salir a ponerle hielo, pero trabó la puerta. ... ¿Por qué? Esto no es lo que yo quería. Él me violó. Me golpeó mucho. Me duele la espalda. Tengo un corte en el brazo. Yo... creo que me estoy volviendo loca aquí abajo. ... Él no deja de golpearme. Nació un niño. El resultado de esa violación. Lo odio. Mejor hubiera muerto al nacer. ... Víctor comenzó a golpear al niño. Tengo miedo de que lo vaya a matar. Aunque al parecer el niño es resistente. Los moretones se ven muy feos en un niño pequeño. Yo... quiero llamar a la policía. ... Víctor es una bestia. Me volvió a violar. Aunque también ocurrió algo extraño. Creo que el niño es un mutante. Cuando Víctor se fue, el niño se curó completamente. Se acercó a mí. Nunca antes se había acercado a mí. No se merece todo esto. Perdón por ser una madre patética. Por haberte traído a este mundo cruel.— ... El resto de las páginas estaban en blanco, aunque luego de varias páginas empezaban las letras que mi madre usaba para enseñarme a escribir y leer. Casi al final del cuaderno había nuevamente un texto largo. —Conor, así voy a llamar a mi hijo. Sé que no soy la mejor madre. Que solo te estoy utilizando para protegerme. Pero al final desarrollé el amor de una madre por ti. Sé que no te enseñé las cosas que debería. Y ahora que estoy cerca de dar a luz, no quiero que mi hijo sufra lo mismo que nosotros. Por eso quiero que lo cuides. Nunca te había puesto un nombre porque pensaba que te odiaba. No quiero lo mismo para este hijo. Si es niño se llamará Lucas, y si es niña se llamará Amity. Quiero pedirte perdón por todo. Creo que no voy a sobrevivir al parto por culpa de Víctor. No sé qué vi en él para casarme. Supongo que este es el adiós. Sé feliz, hijo mío, Conor. Te amo. ... ¿Estoy llorando? Entiendo cada palabra por separado, pero es difícil cuando están todas juntas. Pero al menos sé una cosa. Yo soy Conor. Y mi madre me ama. Mi corazón late fuerte. Es diferente a cuando el monstruo estaba. No entendí casi nada. Pero sí lo suficiente. Te prometo, madre, que voy a cuidar de Amity para que nada le pase.
Capítulo 3
Amity es diferente a los demás. Sus ojos tienen una luz especial. Al mirar a otras personas solo veo colores grises. Dicen que es muy raro que esté en la habitación de Amity durante horas mirando sin decir nada y sin moverme. Yo no veo lo raro. Trajeron a una mujer que se presentó como Claudia, y dijo que era psicóloga. —Hola, pequeño, ¿cómo te llamas?—. La miro a los ojos. Tiene un color gris. ¿Si contesto todo podré volver más rápido con Amity? —Mi nombre es Conor.—. Ella sonríe y me da un palo de madera igual al que mi madre usaba para escribir en el cuaderno. —Yo voy a ser tu amiga de ahora en adelante y quiero conocer más de ti. Toma esto, dibujemos algo.—. ¿Dibujemos? No sé qué es eso. ¿Es lo mismo que escribir? —¿Qué es dibujemos?—. La mujer guarda silencio y su sonrisa se congela un segundo, aunque luego se pone un mechón de cabello detrás de la oreja y dice. —Dibujar es hacer líneas en el papel para crear algo. Mira, yo acabo de dibujar a una persona.—. La mujer comenzó a dibujar, cuando terminó había un círculo con carita sonriente y un cuerpo ovalado y extremidades de palito. Observo el palito, luego la hoja. Comienzo a hacer líneas, aparentemente sin sentido. Un círculo ovalado lleno de lo que parecen arrugas, una persona de cabello largo en medio del círculo. Un montón de líneas oscuras enfrente de la persona de cabello largo. —Muy bien, Conor, lo hiciste bien. Lo voy a guardar. Dime, ¿qué me puedes decir de ti?—. Parpadeo un par de veces. —Me llamo Conor desde ayer.—. ... Ella no dice nada, yo tampoco. Ella carraspea y luego vuelve a hablar. —Bueno, ¿cómo te llamabas antes?—. —No tenía nombre. Mamá me dio nombre en su diario antes de traer a Amity.—. De alguna manera siento que debería decir otra cosa, pero mejor solo respondo lo que me pregunta para irme rápido. —Está bien. ¿Me puedes decir algo más sobre ti? Cualquier cosa que recuerdes.—. Me quedo en silencio un momento. Esto se siente raro. No me siento cómodo con tantas preguntas. Pero quiero estar con Amity, debería responder rápido. —El monstruo huele feo y mamá se siente cálida. ¿Ya puedo volver con Amity?—. El silencio después de eso se sintió diferente. La mujer ya no sonreía y le temblaban un poco las manos. ¿También le tiene miedo al monstruo?